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domingo, 10 de diciembre de 2017

La lección que nos está dando OT

Empecé sin ninguna intención. Vimos la repetición de la Gala0 con cierta curiosidad, nostalgia y la sensación de que estábamos viendo algo que no nos correspondía, que esta edición de Operación Triunfo ya no era para nosotras, porque nosotras ya habíamos tenido nuestra edición y ahora ya estábamos mayores.

Luego hubo una canción que quise ver en la Gala1, Los Ronaldos molándolo todo en la voz de dos concursantes que lo hacían bastante bien, pero el apoteosis llegó en la Gala3: City of Stars. La La Land, mi gran obsesión de este 2017 saltaba a la palestra una vez más. Empecé a cotillear los ensayos y ¿qué era ésto? ¿iban a tocar el piano ellos mismos? Y qué bien lo hicieron además. Ahí ya me aprendí bien los nombres de Amaia y Alfred, y también los de Aitana y Cepeda, y cuanto más veía, más nombres me aprendía y más quería seguir viendo. 

Llegaron también las clases de los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, la pareja de moda por Paquita Salas y La Llamada, y gracias a ellos y a otra concursante, Marina, hubo una master class espectacular sobre orientación y género sexual que se debería emitir en todos los colegios. Aunque el mayor hito fue cuando la propia Marina, declarada bisexual, se dio un simple beso con su novio trans en plena prime time de la televisión pública. Cómete esa, Hazte Oír. 

Los Javis ilustrados por Pablo Bianco

Mientras, Alfred seguía paseándose por la academia con una camiseta que ponía feminist y pedía que hiciéramos donaciones a una ONG que ayuda a los refugiados porque el Gobierno Español apenas ha llegado a acoger al 11% de lo pactado. Amaia, seguía tocando el piano y la guitarra a todas horas, demostrando una cultura, un gusto y una sabiduría musical para enmarcar en una chica de 18 años. Salió también Ana Guerra, leyéndole la cartilla a Cepeda por escandalizarse al tener que besar a un chico y dedicando su canción (himno para estas alturas) La Bikina, a todas las supervivientes de la violencia de género. Nerea hablando del problema que tiene con su dentadura y de cómo superó su complejo con una madurez pasmosa. Y otra vez Alfred, respondiendo con naturalidad a la pregunta de Ana Guerra de si le gustaría que una mujer levantara el brazo y tuviera pelo en el sobaco: "A mí me gusta lo que me gusta, me gusta la mujer en sí. Si es una persona bella, es una persona bella. Si te gustan las mujeres y no te gusta el pelo, tienes un problema, porque las mujeres tienen pelo."

Y así, me he ido enganchando semana tras semana un poco más a estos chavales. Hasta el punto de que sigo el 24h en mis ratos libres, me he bajado la aplicación para votar y hace varias semanas que alardeo a los cuatro vientos mi fanatismo. He llegado a tal punto, que el otro día a los de mi club de lectura les recomendé que lo vieran mientras que todos me miraban con cara de pero ésta qué se ha fumado. 

Supongo que la educadora que guardé dentro de mí es la que se da cuenta lo valioso que es que haya una generación de adolescentes que tenga a estos triunfitos como referentes. Cuántas chicas habrá que verán gracias a Alfred, que el chico que les gusta no tiene derecho de ser un gilipollas con ellas. Me parecería maravilloso aunque sólo fuera una la que manda a paseo a algún impresentable. Que vean que los chicos a los que idolatran, han estudiado y trabajado mucho para cumplir sus sueños. Que aunque en su entorno escuchen comentarios negativos, es lo más normal del mundo besarte con quien te dé la gana sin que te lo impida su aspecto o lo que lleva entre las piernas. 

Toda esta cultura en la televisión de hoy en día es una joya. 

Por lo que larga vida a Amaia Primera de España y quinta de Alemania y a todos sus compañeros. 

Fan total de esta ilustración de Pablo Bianco


P.D.: Y Roi, que yo soy muy fan de Roi y de su sapoconcho. 

domingo, 12 de noviembre de 2017

Sentarse tranquilamente

Sentarse tranquilamente y mirar. Mirar llover, mirar a los pájaros volar o mirar a las hojas caer.

Sentarse tranquilamente y desayunar, con todo el ritual que ello conlleva. Sobre todo con ese café tan caliente que tardará en estar a una temperatura bebible. 

Sentarse tranquilamente delante de la chimenea y vigilar el fuego, la lumbre. Disfrutar del calor que emana, del chisporreteo que suena, de los colores que se ven en las llamas. Decidir si ponerle más leña o si por ahora tiene suficiente para ir tirando.

Sentarse tranquilamente con un libro entre las manos, sin tener que mirar el reloj y siendo los capítulos los que marcan el paso del tiempo. 

Sentarse tranquilamente para hacer un autodefinido, poniendo las palabras que sabes e inventándote otras. Luego ya si eso leerás el periódico.

Sentarse tranquilamente y dejar el libro que lees para coger otro, porque simplemente te apetece cambiar de época y lugar. 

Sentarse tranquilamente porque las alubias ya están hirviendo a fuego bajo y aún falta un rato para que te pongas con los sacramentos. 

Sentarse tranquilamente y pensar que ahora te apetece ver un capítulo de esa serie que tanto te está gustando y que ya has empezado a dosificar. 

Sentarse tranquilamente y leer alguno de los mensajes que te han llegado preguntando ¿aún no te has aburrido? Y parece mentira que no te conozcan porque rara vez te aburres.

Sentarse tranquilamente y preguntarte, ¿pero qué día era hoy?

Sentarse tranquilamente y no hacer nada, porque a veces hacer cosas está sobrevalorado y las vacaciones están para volver como nueva de ellas. 


Mañana ya será lunes, disfruta de las últimas horas. 

domingo, 29 de octubre de 2017

Cuando te dibujan



Cosas que tiene tener amigas que parecen haber salido del Renacimiento. Como Irati de letitare, que además de tener una marca de ropa espectacular, hace dibujos así de chulísimos que consiguen sacar la parte más narcisista de una misma.

Eskerrik asko, Irati!


P.D.: Por si en el post no se ve claro el enlace, aquí os lo vuelvo a repetir: www.letitare.com

domingo, 15 de octubre de 2017

Mi olor a otoño

Adentrarse en un hayedo, con tonos verdes, amarillos y ocres, pisar suave, como sin querer enturbiar la paz que se respira, ese silencio ruidoso, con el ritmo marcado por las hojas balanceadas por el viento, mientras algunas caen y otras deciden esperar, cerrar los ojos y oler. Esa reconfortante mezcla de humedad, madera y viento sur, que te lleva a casa, a la infancia, donde los domingos otoñales eran para recoger castañas y comer pipas al rededor de una mesa con mantel de hule a cuadros rojos y blancos. Ese olor a otoño que tan lejos queda ahora de la rutina diaria. 


Después, llegar a la ciudad y que el pleno octubre siga oliendo a verano, a noches con la ventana abierta que se mezclan con la ausencia de un viento del norte que aún no llega. Esa falta de salitre en el ambiente. Un otoño atípico, en el que el bizcocho de jengibre y canela parece estar de sobra y el castañero fuera de sitio. Como si cada mañana el maravilloso olor a café diera un calor extra que no se necesita. 

Un otoño, el mío, en el que al menos ya huelo a sándalo, que como buen fiel compañero me reconforta y me activa con su aroma cálido y personal. Madera y más madera, simple, pura, a veces intensa, a veces fresca y a veces dicen que sensual. Uno de esos olores con los que a priori tampoco me identifiqué tanto, pero ahora siento como una segunda piel. Porque si a mi alrededor el otoño no huele, al menos que yo huela a otoño. 


domingo, 1 de octubre de 2017

Un puñado de cosas bonitas

Con el día tan gris que se nos ha puesto por delante, aquí van un puñado de cosas bonitas:

1.- Un jersey bien gordo que me acompañe cuando llegue el frío.
2.- Pendientes bonitos, vuelvo a sacar a la folclórica que hay en mí.
3.- Elegir motivos para las manualidades otoñales. 

4.- Han vuelto Fonda y Redford, juntos. Están en Netflix pero primero lee el libro de Nosotros en la noche de Kent Haruf, es tan bonito que luego disfrutarás el doble con la película.
5.- Flores hasta en la piel. 
6.- Cualquier foto con pinos y niebla, pocas debilidades tan grandes.
7.- Los domingos son para leer sin mirar al reloj.

8.- Plantas everywhere, eso siempre.
9.- Un bolso espectacular de terciopelo. Por si alguien me lo quiere regalar.
10. Ashley Graham. Esta mujer y su Instagram me tienen abducida.



P.D.: Sobre todas las cosas feas que están pasando hoy, sólo diré que la violencia nunca está justificada, y mucho menos contra la gente que no la está ejerciendo. A partir de ahí, que cada uno piense lo que quiera pero hablar siempre será la solución.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Volviendo a nuestro bar

No fue el primer bar al que empezamos a ir. ¿Tendríamos unos 20 años cuando nos asentamos en aquella esquina con vistas a la calle? Algo así.

Y allí pasaron nuestros viernes y nuestros sábados, con la teoría de para qué íbamos a ir a otro bar si por aquel ya pasaba todo aquel que quisiéramos ver. A veces más apretadas, otras haciéndonos dueñas de la pista, siempre pidiendo las mismas canciones con insistencia. Desde La chica ye ye que bailábamos en círculo alborotándonos el pelo, a cualquiera de aquel magnífico primer disco de Estopa que era la BSO de nuestros viajes por carretera, pasando por la ipurdiko pelotilla de Gozategi al Zorionak de Kaxiano que nos hacía arrejuntarnos al rededor de la cumpleañera estuviéramos donde estuviéramos como si de una llamada a la manada se tratase.

Vivimos las noches de karaoke, pasamos la escoba una vez que la persiana estuviera medio bajada y las luces encendidas y hasta diría que más de un matrimonio se cuajó allí mientras Nauzi (jefe en euskera) nos vigilaba detrás de la barra. Entre aquellas cuatro paredes, éramos las reinas del mundo. 

Empezaron a pasar los años y nuestras visitas fueron espaciándose en el tiempo. Trabajos, niñas, años... parece que llega un punto en el que todo pesa para que se alineen los astros. A veces, por nostalgia, he solido volver con otra gente, miento, he solido llevar a otra gente para ver si llegaba a sentir lo mismo, y no. 


Pero el otro día pasó, Saturno con Neptuno, Urano y Plutón (que al final, el pobre ¿es o no es planeta?). O mejor dicho, tuvimos boda de una de las nuestras y la celebración era demasiado cerca para no sentir la llamada. Durante el día no hablamos demasiado del tema, no fuera que nuestras expectativas no se fueran a cumplir. Además, sinceramente, lo estábamos pasando demasiado bien para acordarnos de ello. 

Una vez bien entrada la noche, después de haber estado un buen rato hablando con una jerezana encantadora sobre política y casi haber terminado en lágrimas emocionadas por lo bonito que era eso de entendernos hablando (con unos gin tonics encima habrá que poner también a aquellos que parecen no saber hacerlo), entré a la discoteca y el padre de la novia me soltó las palabras mágicas: Tus amigas han ido al Belfast

Y allí que me fui, sin poder evitar la sonrisa mientras me adentraba por las calles de la parte vieja. Al llegar, justo me encontré con uno de esos a los que tienes que escuchar por educación, hasta que X asomó la cabeza por la puerta y me gritó un "Maddalen, ¡estamos aquí!" que en cuanto me acerqué se convirtió en un "¿De buena te he librado, eh?". Y así entré, con la sensación de que estar dando la vuelta de la victoria con tocado floral en la cabeza incluido. X contándome que I había llegado soltando un "¡Nauzi! ¡Ponnos todas! ¡Una detrás de otra!" y que al poco ya estaba sonando todo el repertorio de Estopa. Me acerqué a la barra mientras veía que Z también andaba por allí a pedir lo siguiente que intentaría beber cuando Nauzi me soltó un "¿y tú dónde andabas?" "En el Gu..." "Pero qué hacías en el Gu..." y cómo explicarle con el ruido que había que yo tampoco lo tenía muy claro qué hacía sin estar allí, que aquél era mi sitio.

Por un rato, no recuerdo exactamente cuánto fue porque no duró mucho, volvimos a ser las dueñas de nuestro bar. Y aunque no estábamos todas, sentíamos que lo estábamos disfrutando también por las que faltaban, para que estuvieran orgullosas de nosotras. 

Espero que el futuro nos tenga guardado alguna que otra noche como aquella. Tampoco le pido mucho, sólo alguna que otra que llegue de improvisto para grabarse en nuestras memorias. 

Guregatik, nexkak.


P.D.: El post estaba escrito desde hace unos días y justo cuando iba a ver la luz, se ha ido uno de esos grandes hombres que han pasado la vida detrás de la barra haciendo de sus bares templos de peregrinación y alegrando el día a día a todo aquel que entraba. Que sirva este post como homenaje a él y tantos otros. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

El otoño no se me escapa

Creía que había sido cosa mía. Creía que al no haberme cogido vacaciones (me iré cuando los demás ya os hayáis olvidado de ellas), tenía esta sensación de no haber tenido verano. Que aunque durante los meses pasados no me había pesado seguir trabajando, al llegar septiembre tenía una especie de gaupasa anual. Porque septiembre siempre es un chute de energía, un despertar, y a mí me llegaba sin haber desconectado del todo.

Pero parece que no, parece que en Donosti el verano ha sido aquel día del que ya no nos acordamos, un día en el que hizo sol, fuimos a la playa y nos quedamos hasta que vimos atardecer mientras bebíamos unas cervezas. No sé, no lo recuerdo bien. Al menos casi cada noche he podido dormir con la ventana abierta de par en par y eso no me lo quita nadie.

Miro por la ventana y veo rodar la primera hoja seca. Esto ya no tiene vuelta atrás. Hayamos tenido verano o no, toca mirar hacia adelante y encontrarle cierto gusto a esto de que los días sean cada vez más cortos y más oscuros.


Y para que los meses que vienen me cundan más que los tres anteriores, pienso hacer muchas cosas. Pienso perfeccionar mi nueva receta de bizcocho con jengibre y canela, pienso ponerme las pilas con eso del batch cooking y cocinar más y más variado. Pienso empezar Game of Thrones desde el principio, porque lo reconozco, me pasé la primera temporada entera sin saber muy bien quién era quién y por qué no decirlo, echo de menos a Khal Drogo. También tengo pendiente seguir con Six feet under y Parks and recreation, empezar con The Wire y descubrir alguna otra serie tipo Younger, que sin duda ha sido el descubrimiento del verano y me la he ventilado dos veces en menos de un mes. También he vuelto a por Grace & Frankie y no me daba cuenta cuánto las echaba de menos hasta que las he vuelto a tener delante. Pienso leer todo lo que no he leído en verano, porque sí, soy una de esas raras personas que lee mucho más en invierno. Me están esperando Hijos del ancho mundo de Abraham Verguese, Tan fuerte, tan cerca de Jonathan Safran Foer y Detrás del hielo de Marcos Ordoñez entre otros, aunque el 25 de septiembre se parará mi mundo porque publican lo nuevo de Nickolas Butler. Pienso tejer, o hacer punto de cruz, como hacía hace algunos años. También tengo una tela de terciopelo dorado por ahí para confeccionarme un clutch muy al estilo Acne. Me escaparé al campo más a menudo, que este año no se me escapen ni los colores ni los olores. Y cada dos o tres días, mascarilla y acondicionador porque este invierno voy a tener pelazo.

Por ahora ya he cambiado de perfume, porque pocas satisfacciones tan grandes como volver a esos aromas que te abrigan como una bufanda más.

Suena Song for Zula de Phosphorescent, la versión en directo en la iglesia St. Pancras, no sé qué tienen las teclas de ese piano que me mueven por dentro. Sus acordes son el pistoletazo de salida perfecto porque siempre he pensado que esa canción me recordaba a otoño y ahora, ya lo es. Qué sabrá el calendario.

Hazte un bizcocho, enciende una vela, ponte debajo de una manta, coge ese libro que tienes pendiente y disfruta. Que las hojas vayan cayendo ya si eso.


domingo, 16 de julio de 2017

La locura del bolso (parte II)

Os juro que pensaba que nunca lo iba a tener. El post anterior sobre el bolso lo hice medio en broma y la gracia se me fue de las manos, hasta de la radio me llamaron para saber qué tenía ese bolso para quitarme el sueño. No me quita el sueño, dije, dejémoslo en que sueño con él.

Aquel post fue una manera de despedirme de la obsesión, verbalizarlo para afrontarlo, y poco a poco me fui haciendo a la idea. Hasta que un día tonto cualquiera, me metí en la tienda online de marca y ahí estaba, fuera de stock. Adiós, ya para siempre, olvídate de mí. Y no pases 19 días y 500 noches que nos conocemos.

Pero no me resistí, quise dar una última vuelta sin esperanza por Google, como si de un funeral digno se tratase, con toda mi pena en ebullición. Pero allí, en esa segunda página del buscador donde dicen puedes esconder un cadáver, estaba mi bolso. Realmente lo que estaba era una tienda online de una cadena de zapaterías parisina de la que nunca había oído hablar. Desconfianzas por delante, ahí estaba, disponible, esperando a que yo hiciera un par de clicks. Con un nerviosismo creciente, di un paseo por París gracias al street view: las zapaterías estaban donde decían estar y los escaparates no tenían mala pinta. Por último, llamé a ese amigo que sabía que me diría algo así como "te lo tienes que comprar" y me lancé.

Lo cierto es que seguía sin creérmelo. Me repasé el seguro de Paypal y su política del pago a 20 días para estar preparada por si no volvía a saber nada de las zapaterías parisinas. Me metí otra vez, para verificar que realmente estaba ahí, en pedido procesados, pendiente de envío, y cuando quise admirar una vez más la ansiada adquisición, me encontré con un viejo amigo, el cartel de Sold Out, aquí también había llegado pero esta vez yo había sido más rápida.

Y llegó, al segundo día laborable ya estaba el repartidor entrando por la puerta de Hunky Dory con mi paquete en la mano, envuelto en la reconocible cinta de embalar de Venise Collection (que desde ahora son mis zapaterías favoritas de París y totalmente recomendable el servicio de venta online que tienen). Firmé, esperé a que se fuera el repartidor, abrí y ahí estaba. Palpé, maravilloso cuero. Bien. Olfateé, maravilloso olor a cuero. Más que bien. Era perfecto, mejor aún de lo que había imaginado.

Y así llevo, casi dos semanas. Admirándolo con el fervor de Gollum por el anillo.

 @wayaiu me retó a enseñar lo que llevo en el bolso

El otro día, una amiga me decía que no entendía lo mío con los bolsos, que no le entraba en la cabeza tanta pasión. Decía, que a ella le gustaban los vestidos, porque con ellos se podía ver más guapa, pero que un bolso no tenía ese poder. ¿Por qué entonces volverse loca por uno en concreto?

Tampoco supe muy bien qué responder, sonreí y no sé si pude disimular la cara de esto lo entiendes o no, y si no lo haces, poco puedo hacer por ti. Creo que le dije algo como que al igual que hay gente que colecciona arte o les gustan las joyas, a mí me gustan los bolsos. Supongo que será esa mezcla de practicidad y belleza, no sé, tampoco entiendo muy bien mi pasión por los aguacates y ahí está.

Cuando me llamaron por la radio, me preguntaron cuántos bolsos tengo, no sé si pensaban que respondería que tengo una habitación entera de ellos o qué. Tampoco tengo tantos, pero me gusta que los que me compro me apasionen. Me gusta desearlos de antemano, anhelarlos, planificar su compra como si de un día señalado se tratase o la emoción de decidirlo a lo loco. Luego, a veces, hasta los dejo colgados de la pared, a la vista, para admirarlos hasta cuando no los tengo entre las manos.

Dicen que los heroinómanos siguen pinchándose queriendo repetir aquel primer subidón que los atrapó para siempre. Lo mío fue algo parecido, con la suerte de que se ha vuelto a repetir varias veces y ahora que lo pienso, puede que sea la razón de lo mío con los bolsos. Tenía yo 25 años cuando nuestra madre nos dio a mi hermana y a mí una paga extra para comprar algo que nos gustara en las rebajas. El dinero daba para unos un par de vestidos en Zara, una sudadera y dos camisetas en H&M, un abrigo en Mango y hasta un par de bailarinas en Blanco. Pero en cambio, me gasté todo el dinero en un único bolso. Negro, clásico y de cuero. Fue al tocar (¿suena demasiado pervertido si digo acariciar?), al oler y al admirar aquel bolso cuando supe que mis días en Misako habían llegado a su fin.

Desde entonces ha habido varios, de todos los tamaños y colores, y hasta tengo la manía de no repetir marca (menos los de Zubi que tengo cuatro). Y lo mejor de todo, es que cuando los utilizo, vuelvo a sentir aquel primer subidón que se ha vuelto mi adrenalina particular.

¿Si le cuento todo esto a mi amiga lo entenderá?

Por lo que sí. Estoy encantada con mi nuevo bolso, ese que tanto me costó encontrar, que se volvió una obsesión y que aún no me creo del todo que esté en mi armario. Con todas las cosas que uno no puede conseguir en este vida, está bien que de vez en cuando puedas hacerte con alguna, por muy descabellada que parezca, y disfrutarla, mucho.

Maddalen

domingo, 9 de julio de 2017

Hace dos años ya

El otro día, estaba en la tienda, y llegó un sobre enorme desde Francia lleno de información y muestras de una casa de perfumes. En seguida reconocí la pegatina que tenía fuera e identifiqué la marca, porque cuando escribía El Tocador de Dorothy, ya hablé varias veces sobre ella. Tenía una historia curiosa, unas inspiraciones muy bonitas, de esas que me atrajeron como la miel. Con el tiempo probé sus perfumes, hasta tuve algún frasco que terminé regalando porque no era para mí. Y cuando el otro día llegaron esas muestras sin nosotras pedirlas, sólo porque la creadora de la marca estaría encantada de que su marca estuviera presente en Hunky Dory. Justo ese momento, fue uno de esos pequeños momentos en el que me di cuenta de todo lo que hemos hecho y me emocioné.

Lo cierto es que no sé si creo en el destino. Para mí ese significado de estar destinado a algo, carece de la connotación mágica de todo está escrito, me parece más amoldable, más trabajable por uno mismo. Como si el destino fuera la consecuencia de los actos, como si no te pudieras librar de él no porque un ente poderoso te está empujando a ello, sino porque te lo has ganado a pulso. Para lo bueno y para lo mano. Y por esta teoría, lo de montar nuestra propia tienda, dejando la modestia de lado, era nuestro destino.

Una vez, antes de todo esto, bueno después de mi afición por los perfumes, después del blog, después del frikismo extremo pero antes de la tienda (siendo exactos, una semana antes de que la chispa de la idea de la tienda), le conté a mi hermana que iba a empezar a preparar unas oposiciones. Ella, nueve años menor que yo y que emana sabiduría por los poros por mucho que luego lo disimule muy bien preguntándote veinte veces cuánto tiempo hay que tener cociendo los macarrones (¿y las patatas? ¿y las vainas? ¡y ay, he perdido las llaves por centésima vigésima tercera vez!), me dijo que no, que no podía, que lo mío con los perfumes era demasiado especial para no dedicarme a ello. Y yo me quedé cortocircuitada entre pero esta niña qué dice y ¿y si tiene razón?

Por suerte, como he dicho, una semana más tarde el destino nos puso sobre la palestra la posibilidad de hacer este proyecto y nosotras avispadas que somos un rato, la cogimos al vuelo, sorprendidas en darnos cuenta la ilusión que nos hacía. No sé cuántas veces habré contado ya la misma historia, al no tener descendientes, a alguien le tengo que contar cómo la tita Eva y yo decidimos saltar al vacío y montar nuestra propia perfumería.

Regalos que emocionan por nuestro segundo aniversario.

Y desde entonces, dos años ya. Dos años en esta esquina con vistas al mar, cada vez más asentadas y con el truco cogido por qué lado hay que venir cuando sopla el norte como si no fuera a haber un mañana. Dos años entre olores, eligiendo marcas, descartando otras y disfrutando mucho de lo que tenemos en la estantería. Dos años vendiendo maneras de mimarse uno mismo, no es mal trabajo. Dos años con el orgullo de que será de las pocas perfumerías donde suenan los Creedence, Belako, Ella Fitzgerald y por supuesto, Bowie. Dos años viniendo contentas a trabajar, viendo crecer día a día a esta niña bonita que creamos de la nada. Dos años que tenemos el lujo, el placer, el privilegio de trabajar en lo que nos gusta.

Por lo que si os apetecen unos mimos perfumados, la tita Eva y yo os esperamos en Hunky Dory Laboratory.

Brindemos por muchos años más.


Maddalen

domingo, 18 de septiembre de 2016

Ya estoy en otoño

No sé vosotros pero yo ya estoy en otoño. Una tarde libre que tuve esta semana hice el cambio de armario, no sea que el fresquito me pille desprevenida, y ya perdí la esperanza de dormir con la ventana de mi habitación abierta de par en par. El viento del norte hace que me sea un poco más difícil llegar hasta Hunky Dory y abrir su puerta, pero aquí una que hacía bloqueos en balonmano, no se deja amedrentar por dos soplos de aire.

El nuevo curso me dio fuerzas para, por fin, despedir El tocador como se merecía, igual ahora que sólo me queda este frente abierto me da por escribir más pero who knows. Por ahora, me cogido este ratín para ordenar ideas antes de ponerme a elegir en el amplio cartel del Zinemaldia, donde siempre me siento como en la sección de vinos de alguna tienda, no me quiero equivocar pero no suelo saber ni por dónde empezar. Bueno miento, el cuestión de cine algo más de criterio tengo.

Y mientras pienso si prefiero darle al cine latino-americano o al oriental, aquí algunas de las cosas que ocupan mi mente en esta rentree:

Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche: Cuando suelen recomendarte tanto un libro, al final es inevitable sentirte algo decepcionado pero ésta está siendo una de esas bellísimas excepciones, puede porque la voz de Chimamanda Ngozi Adiche me suene a una mezcla entre Jeffrey Eugenides y Jhumpa Lahiri. Así es fácil encandilarme.

Una falda: Al hacer cambio de armario me he dado cuenta, necesito una falda, midi, preferiblemente estampada, con corte en A pero tela fluida y en su caso tableada. Las metalizadas me gustan pero tanta exposición a ellas me está generando cierta pereza. El otro día me crucé con una chica que llevaba la falda perfecta y estuve a un pelo de pararla y hacerle la gran pregunta. Pero soy cobarde y no me atreví. Ahora ando a la caza y captura como si de un gamusino se tratara.



A Little Bit of Everything de Dawes: Llevo meses obsesionada con esta canción, pero es tan nostálgica que creo que gracias a la caída de las hojas conseguirá su momento cumbre. Aquí la actuación que no sé por qué, casi me saca la lágrima.

Grace & Frankie: O lo que es lo mismo, Jane Fonda y Lily Tomlin, me han embaucado de tal manera que cada día necesito mi dosis de su deliciosa serie. Aún ando sólo por la primera temporada pero ya ando con dosificaciones.



Florencia: De allí volvimos el domingo y a allí queremos volver a toda costa. Italia cada vez que voy me muestra cuáles son esas razones por las que siempre digo que es mi país favorito. Florencia estaba tan bella como la recordaba y eso es mucho decir.

Un perfume para otoño: Ahora mismo, el nardo especiado de Nuit de Tubereuse, esa maravilla de Bertrand Duchafour para L'Artisan Perfumeur. Dure lo que dure el enamoramiento.

Una ensalada: La que se ha vuelto mi favorita este verano y promete serlo durante mucho tiempo: Lechuga, tomate, aguacate, atún, espárragos trigueros y germinados de cebolla. Espectacular.

La alegría de haber comprado bien en el pasado: Cada vez le doy más vueltas a las cosas que necesito y quiero, pero eso me está llevando a tener un armario en el que todo me gusta y todo me apetece ponerme. Ahora me alegro de cuando pedí por Reyes el Irati de Zubi, me he re-enamorado de un reloj Michael Kors de carey que compré hace unos cuatro años, una sudadera de H&M que Paquirrín tiene la misma pero a mí me siguen encantando sus grandes flores o las Nike Air Max negras que me customicé que amenazar con ser el calzado del invierno una vez más.

Irati de turismo en Florencia

Seguiremos informando.



jueves, 12 de noviembre de 2015

Perdida entre árboles

Este año estoy viviendo el otoño obsesionada más que nunca con los colores de los árboles. Me quedo mucho tiempo mirándolos, como si no que quisiera perder ningún detalle de la evolución de sus colores, como si quisiera grabarlo en mi mente porque si me despisto me voy a perder el espectáculo.

Creo que todo empezó cuando empezamos a montar la tienda online, a cada fragancia le asignamos una foto inspiradora y yo me vine arriba con las amaderadas. Árboles, montañas y niebla, un trío el que me apetecería perder, y unas fotos con las que empapelaría mi casa. 


Vía Pinterest


No sé si alguna vez os he comentado que a veces veo películas dependiendo en sitio donde estén localizadas, así que el otro día tocó Your sister's sister: chica le dice a amigo algo depresivo que vaya a la cabaña que tiene su padre en la orilla de un lago, amigo le hace caso y al llegar a la cabaña se encuentra a la hermana de la chica, también un poco depresiva porque lo ha dejado con la novia. No os voy a contar más pero hay algo de lío y se pasan toda la película paseando por esos parajes para meditar bien sus acciones.




Y mientras veía la película, yo no podía dejar de pensar lo mucho que me gustarían unas vacaciones así. Dos semanas, en una cabaña, a la orilla de un lago, entre árboles, niebla y con el mínimo número de ruidos extraños. ¿Algún día lo haré? Puede. Pero tendré que poner mucho de mi parte para hacer un viaje así para no hacer nada.

¿Quién paga dinero hoy en día para no hacer nada?

¡Besos!

martes, 3 de noviembre de 2015

Escribiendo por escribir

"Ya no escribes en el blog."

Me lo están repitiendo últimamente. Yo respondo que no, con cierta tristeza y preocupación. ¿Debería escribir? Parece una tontería pero me lo pregunto.

Y lo cierto es que me gustaría. No os voy a decir eso de que no tengo tiempo... Lo de tener negocio propio usurpa energía pero algún hueco queda. Más que eso, es el hecho de no saber sobre qué hacerlo lo que me lo impide.

Hunky Dory Laboratory.

Es lo único que últimamente tengo en mente. ¿Os he dicho ya que tenemos una perfumería preciosa y que también vendemos online? Post patrocinado por Juan Palomo.

Nuestra precios niña, Hunky Dory Laboratory

Parece ser que me he vuelto una de esas madres coñazo que no hablan de otra cosa. Que realmente no piensan en otra cosa. Y hombre, algo de orgullo y satisfacción te da el hecho de que te saquen en Woman.

Libros. Sí, también sigo leyendo. Pero tampoco escribiré un post tras otro sobre el libro del momento. Este blog antes tenía variedad.

La independencia me ha llevado a vivir en un sitio privilegiado, con esa famosa barandilla a apenas 100m, pero eso conlleva a olvidarse de las compras, de los caprichos, de las inspiraciones, y a sacarle partido máximo al armario.

Pero no me quejo. Mi mayor capricho otoñal ya esta de camino. ¡Ay, Irati! Desde que oí el nombre supe que tenía que ser mío.

El precioso bolso Irati de Zubi vía Instagram de @zubidesing

¿Algo más?

Pues que se avecina presentación del libro de Andrea Amoretti en la perfumería, seguido de su taller de estilo al que estoy deseando asistir. Una escapadita express a Madrid en donde puede que se cueza algo. Y que una de las personas más guays que me ha dado este mundo 2.0 también se ha lanzado a la piscina de emprender. Os presento Moss The Shop.


Seguiremos escribiendo por escribir.



miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Y después del sol, qué?

¿Vosotras también tenéis la sensación de que el verano se ha acabado de repente? Una amiga nuestra de Alicante se ríe mucho cuando le decimos que este verano ha sido buenísimo. Se queda como el emoticono de los ojos enormes defendiendo que un día nublado no es un buen día y que en Donostia hay demasiados días grises. Nosotras en cambio, sabemos cuántas veces hemos tenido que abrir el toldo y afirmamos con certeza, que este año Lorenzo, ha dado pocas treguas.



Si nos habéis visto la cara, sabréis que no somos de las que nos prodigamos mucho por el sol y tampoco creáis que lo hacemos tanto porque somos conscientes de los estragos que hace el sol en la piel, se puede decir que simplemente somos más de sombra. Que lo de sufrir por calor, lo justo. 



jueves, 19 de marzo de 2015

Libros, películas y kleenex

El trancazo me ha pillado de puente, y yo pienso, oye ni tan mal. Que lo de tener la nariz como un pimiento y sus aletas brillantes de tanto untar vaselina para que no se irriten, es aún más duro cuando te toca el despertador a las siete de la mañana. Pero durmiendo hasta cuando se desee y de ahí migrando al sofá para pasar el día entre libros, películas y cientos de kleenex, es un plan bastante aceptable. Será que no me llega el suficiente oxígeno a la cabeza, pero estoy hasta animada.

Para la ocasión, tengo como acompañante el último libro de María Dueñas, que aunque Misión Olvido no fue el bombazo de El tiempo entre costuras, a mí me gustó porque recuerdo haberlo disfrutado leyendo. Literalmente, recuerdo de una tarde que pasé entera leyendo el libro durante horas, sin ganas de querer hacer algo más. No es el hecho de engancharme, es más la sensación de estar a gusto en compañía de sus personajes. Y eso, pocos escritores lo consiguen, por muy buenos que sean y tengan otras virtudes.


También espero ver alguna película, o hacerme alguna maratón de The Good Wife. Aunque tengo la idea que el fin de semana pasado las terminé todas. Nightcrawer, Into the Woods, Divergent y St. Vincent, cada una de su madre y de su padre, y por alguna alineación de las estrellas, me gustaron todas bastante. Pero si tengo que destacar algo de todas ellas es el niño que aparece en St. Vincent, pocas veces he visto algo tan adorable y después de hacer tanta práctica de magisterio con niños de entre 6 y 12, no soy tan fácilmente impresionable. Jaeden Lieberher se llama y le come la pantalla al mismísimo Billy Murray. Por lo demás, Meryl Streep alcanzando copas de perfección de el papel de bruja, yo crearía un Oscar especial para ella cada año, aunque a este paso lo fácil va a ser volverse hater de lo buena que es, pero no, a mí nunca se me olvidará que en mi vida le he aplaudido tanto a nadie. Divergent me pareció más entretenida que Los juegos del habre y eso que Miles Teller no tiene el protagonismo que me gustaría, pero me entretuvo la tarde. Y Jake Gyllenhaal alcanza unas cotas creepies en Nightcrawler que mejor lo veáis vosotros mismos. Eso sí, llevo la semana andando por la calle con una seguridad diferente mientras el prólogo de Into the Woods suena en mi mente.

Por lo que después del pleno al cuatro del fin de semana pasado, tampoco le voy a pedir demasiado a éste en el aspecto cinéfilo, pero algo caerá.

Así puestos, os dejo que me he dado cuenta que no sé si tengo suficiente arsenal de pañuelos de papel y habrá que encontrar algo abierto para llenar la despensa.


¡Besos!




P.D.: Y si queréis más...

...de cuando os conté qué libros leídos en 2014 me gustaron más.
...de cuando pronostiqué que Birdman se merecía todos los Oscar del mundo.
...de cuando organicé una maratón de películas en blanco y negro para esos que no les gustan las películas en blanco y negro.

jueves, 29 de enero de 2015

Ordenando ideas

No tener tiempo de escribir. O lo que es peor, no tener tiempo de pensar sobre lo que me apetece escribir. Y así, claro, no hay manera de pasearse por aquí. Leer es lo que me mantiene las ideas ordenadas, aunque en el hábito sigo igual de anárquica y el lunes empecé con También esto pasará de Milena Busquets sin haber acabado ninguno de los que están en progreso. Ya no aguantaba más sin probar en mis propias carnes la que parece a ser la nueva revelación literaria. Y qué bonito todo por ahora.

Hace una semana mi rutina cambió y poco a poco me voy acostumbrando a los nuevos ritmos. La buena noticia es que aún sigo tomando mi super-zumo mañanero, vamos, que no me ha vencido la pereza y limpiar la licuadora cada vez es menos tedioso. La receta ha ido variando pero la definitiva por ahora es 3 zanahorias, 1 manzana, medio limón y un trocito de jengibre. Sorprendentemente, cada vez disfruto más esos minutos de silencio cuando parece que aún nadie se ha puesto en marcha.



Sigo fiel a mi armario, resistiéndome a comprar nada hasta que llegue el 5 de marzo. Cada una tiene sus pequeñas metas y sus retos cotidianos de superación. No ha habido demasiadas tentaciones para saltarme la restricción. Quizá un abrigo de estampado de leopardo en rojo que vi el otro día... pero rectifiqué a tiempo pensando en que estoy a un par de prendas de ir vestida de leopardo todos los días y tampoco es plan. Esto de no comprar y ser más austera con mi armario, está consiguiendo que quiera vaciarlo aún más y tirar la mitad a la basura. Una vez que te metes en esta vorágine de menos es más, te atrapa del todo. Cada vez me agobia más el hecho de poseer tantas cosas y en mi armario no iba a ser excepción. Ahora, qué ganas de sacar del baúl de los recuerdos todos los vestidos veraniegos que guardé en otoño. Qué cerca y qué lejos.

Como veis, ando con un popurrí de ideas que poco a poco se van asentando. A mi mente le tengo que dar un poco más de tiempo para que se me acostumbre a tener tantos frentes abiertos y no morir en el intento. Esto de escribir siempre tuvo un lado muy terapéutico. Lo escrito, ahí se queda, parece que hasta ordenado.


Un beso,

lunes, 8 de diciembre de 2014

Sobre cuestionarlos la felicidad

El otro día, reparé en un cuaderno que hace unos años me regaló una muy buena amiga con una preciosa dedicatoria. En ella me decía que el cuaderno le había recordado a mí y me animaba a seguir escribiendo.


Decidí, que lo utilizaría para copiar a mano aquellas partes que más me gustaran de los libros que leyera, sabía que mi amiga estaría contenta con aquel uso. No sé si al final se lo comenté o si se estará enterando ahora con estas líneas.

La historia es que cuando vi el cuaderno en el estante hace unos días, me acordé que hacía mucho que no apuntaba nada allí, al principio por vagancia y después por puro olvido, y que tenía que retomar aquella costumbre. Es bonito volver a emocionarse con las mismas palabras que lo hicieron en su día.

Así, empecé a leer aquellos párrafos escritos hace tiempo y me encontré con uno del libro Los Recuerdos de David Foenkinos que no recordaba:

"En el fondo, así ocurrieron las cosas en el siglo XX: primero fue el nacimiento de la felicidad; en todo caso, el derecho a la felicidad y el acceso al ocio y a las vacaciones pagadas. Eso era en la década de 1930, cuando el Front Populaire. Después, pasamos a la segunda etapa de nuestra progresión; una etapa que podemos llamar el derecho a la insatisfacción. Apareció en la década de 1970, con la legalización del aborto, y del divorcio, por supuesto. Se tiende a olvidad que el adulterio estaba prohibido por ley hasta 1975. Adquirimos así el derecho a juzgar nuestra felicidad. Y ahora estamos en la tercera etapa, quizá la más dolorosa: la de la duda permanente. Tenemos la felicidad, tenemos el derecho de no estar satisfecho de esa felicidad, por lo que se nos abre una multiplicidad de caminos. ¿Cuál debemos tomar?"

No me acordaba de este párrafo pero qué bueno me sigue pareciendo. Foenkinos, aunque no cuente grandes historias en sus libros, siempre tiene la habilidad de poner por escrito lo que los demás no nos damos cuenta que pensamos. Esa duda permanente de si seremos lo suficientemente felices.


¡Besos!

jueves, 4 de diciembre de 2014

Con las tuercas apretadas

El lunes pasado tenía cita en Centro Karmele. Llegué después de un fin de semana tontorrón de hibernar mucho y de marcarme una de esas maratones peliculeras que hacen historia: Dirty Dancing, El diario de Bridget Jones, El diario de Noa y Que le gusten lo perros... ni más ni menos. Tenía en cuerpo con ganas de marcha y le dije a June (enfermera/nutricionista de Centro Karmele) que me apretara las tuercas. De esos días que el cuerpo te pide emociones fuertes y lo de pasar hambre de repente no te parece tan malo.


Entre las Navidades pasadas y el verano di un bajón majo de peso gracias a los cuidados de Centro Karmele (las menciono tanto porque sin ellas no habría hecho ni la mitad), pero desde el verano que nos propusimos mantener el peso para no pasar medio amargada los meses de sol, me había acomodado en esa inercia y no cogía carrerilla de nuevo. Por una parte muy guay porque las que habéis hecho alguna vez alguna dieta sabréis que lo de mantenerse luego suele ser casi más difícil que el adelgazamiento en sí, pero lo cierto es que tener a June y cía pendiente de mí es un lujo demasiado grande como para quedarme a mitad de camino.

Por lo que aquí llevo, media semana con las tuercas apretadas y muy contenta por hacer lo que conviene hacer. No pienso que haya estado perdiendo el tiempo hasta ahora, una tiene sus épocas y no siempre la cabeza está donde tiene que estar. Por ahora me propuesto llegar a Santo Tomás con una rectitud ejemplar, no sé comeré chistorra ese día pero alcohol bebo seguro. 21 días, como en el famoso programa de TV, dicen que son los necesarios para crear un hábito nuevo. ¿Se puede considerar hábito el pasar hambre? Cualquiera que me oiga con todo lo que como a lo largo del día. Además, con las Navidades a la vuelta de la esquina, con todos los turrones prematuros en los supermercados mientras yo no hago más que comprar zanahorias, manzanas y limones (es mi nuevo zumo mañanero), el reto se vuelve mucho más emocionante.

Como siempre se dice, en esto de las dietas o estás, o no estas. Yo ahora estoy. Así que a aprovechar.


¡Bessos!

sábado, 29 de noviembre de 2014

100 razones por las que vivir


1. Parar a escuchar el ruido de las olas.

2. Las verbenas de pueblo.

3. Aprender de memoria las canciones de Sabina.

4. Estar leyendo a Gavalda y que mencione la canción perfecta en el momento justo. Sobre todo en ese final de La sal de la vida.

5. Escuchar a Maya hablar sobre el vino en Entre Copas.



6. Pasear por Donosti cuando llueve.

7. Hacer una maratón de La guerra de las Galaxias. O de El seños de los anillos. O de X-Men.

8. Tener un flechazo con el perfume de tu vida.

9. Michael Fassbender.



10. Ver un atardecer tumbada en una hamaca. De hecho, ver un atardecer.

11. Escuchar a una pianista tocar en directo Love Theme de Cinema Paradiso. O escucharlo en cualquier momento en casa.



12. Asistir a un club de lectura.

13. Darte el caprichazo de comprar algo caro. Muy caro. Pero muy bonito y muy deseado.

14. Cada escena de Friends.



15. El olor de la mimosa cuando florece antes que ninguna.

16. Estar en un concierto y enamorarte de una canción que no habías escuchado nunca.

17. Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate para morir.



18. Salir a tomar un café a las cinco de la tarde y llegar a casa a las cinco de la mañana.

19. Pasar toda la mañana desayunando.

20. Poner AC/DC a todo volumen y volverte loca delante del espejo.



21. Mirar las estrellas. Y ya ni te digo si alguien te cuenta sus historias.

22. Frank Sinatra y Betty Garrett cantando You’re awful.



23. Frank Sinatra cantando cualquier cosa. Sobre todo, Fly me to the moon. Pero The way you look tonight que sea de Tony Bennet.

24. Ir a algún pueblo de la USA profunda para ver luciérnagas voladoras entre maizales.

25. Brown Eyed Girl.



26. Balancearte en un columpio. Da igual la edad.

27. Las Gilmore.


28. Embadurnarte el cuerpo con una buena crema hidratante.

29. El olor del viento del norte cuando sopla por el Cantábrico.

30. El beso de Drive en el ascensor.



31. Ir a un karaoke con tus amigas del alma y cantarlo todo.

32. Las tormentas de verano.

33. Un gol en el último minuto que sirva para conseguir una victoria improbable.



34. Los murciélagos que aparecen en la ventana del Drácula de 1931.

35. Encender una vela que huela bien y pasar la tarde leyendo bajo una manta. O dos.

36. El final de Vacaciones en Roma y el inicio de Desayuno con Diamantes.



37. El saludo de un perro que te conoce.

38. El salmón del Atari, las anchoas del Txepetxa, la brocheta de gambas del Goiz Argi y el risotto del Borda Berri.

39. Hacer festivo un día cualquiera.

40. Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler. Sí, sigo con eso.

41. Restregarle a alguien tu optimismo por la cara.

42. Nina Simone echándole narices y versionando My Way.



43. Tú rincón en el mundo.

44. No Pirlo, no party.



45. Ganar una partida de mus reñida.

46. Los diálogos de Historias de Filadelfia.

47. Descubrir que las lentejas en ensalada con aguacate están deliciosas.

48. El principio de Amor en los tiempos del cólera. En realidad, todo el libro.



49. Ir a freír un huevo y que tenga dos yemas.

50. Disfrazarte en Carnaval.

51. La parte contratante de la primera parte.



52. El pueblo pardo de El bosque animado.

53. Calentarte a la orilla de una chimenea.

54. Nobody puts baby in a corner.



55. El optimismo escondido de Jane Eyre.

56. Ir a una boda con un tocado más grande que tu cabeza.

57. Saciar las ansias de chocolate.

58. El secreto de sus ojos.

59. El buen café. El malo se puede utilizar para regar las plantas.



60. Palomitas recién hechas.

61. Pixar.

62. Y Disney.

63. Atreverte a tocar un bicho-bola.

64. Jack Lemmon y Shirley MacLaine en El Apartamento.



65. Creer en el amor a primera risa.

66. El rojo perfecto en los labios.

67. Dragoi Bola, así, en euskera.

68. Estar a la sombra cuando el sol aprieta.



69. Expiación de Ian McEwan.

70. Cortarte la coleta. Tú misma.

71. La Habanera de Carmen. Y la de Xabier Lete.



72. La condesa viuda de Grantham.

73. Echar la siesta con Roy Orbison de fondo.

74. Llenar la casa de plantas.



75. Rust Cohle.

76. Domingos de película y manta.

77. La luna.

78. Meryl Streep cantando The winner takes it all.



79. Bailar con tus amigas una canción con la misma coreografía que lleváis bailando más de diez años.

80. Poder ser la oveja negra de un rebaño ajeno.

81. Encontrar a tu media langosta.

82. Cada una de las fotos que quedaron de Steve McQueen.



83. Supercalifragilisticoespialidoso.

84. La primera noche con sábanas limpias.

85. You can’t buy happiness but you can buy books and that’s kind of the same thing. (No puedes comprar la felicidad pero puedes comprar libros que viene a ser un poco lo mismo.)

86. Seguir buscando las botas con brillantina perfectas.



87. Estar en la playa a las diez de la mañana. O a las ocho de la noche.

88. Ponerte una falta de tul.



89. Lo que fue capaz de escribir Irène Némirovsky en un cuaderno con letra minúscula antes de que la llevaran a Auswitch y que publicaron en 2004.

90. Hibernar.

91. Al Pacino en Esencia de Mujer.



92. Escuchar Leonard Cohen cuando llueve.

93. Hacer muchos kilómetros para visitar a un amigo. O no tener que hacer ninguno.

94. Emocionarte con La casa de las dagas voladoras.

95. El tacto de un buen bolso de cuero.



96. La casa de Asterión de Borges.

97. Ver las mismas películas cada Navidad: Mientras Dormías, El diario de Bridget Jones, La joya de la Corona, Love Actually y Solo en Casa.

98. El novio de la madre de Bridget Jones.

99. Vivir unos días en una casa de madera encima de un árbol.



100. Susurros al oído.




P.D.: Este post está inspirado en aquellos que se escribieron en Jot Down bajo un título parecido, en el post que escribió Marta sobre '50 cosas que le gustan' en su blog In fashion with you, y por supuesto, es esa maravillosa canción de Sabina llamada Más de cien mentiras

sábado, 8 de noviembre de 2014

Mi Donostia

Una de las cosas más bonitas que tiene esto de tener un blog (sé que se repite mil veces pero realmente es verdad), es que la gente te escriba diciendo que le gusta lo que haces. Es una sensación brutal. Porque aunque realmente eres consciente de que habrá alguien leyéndote al otro lado (y en parte claro está que lo haces por eso), es una pasada cuando ese otro lado abstracto toma forma.

Así, hace unas semanas, gracias a un comentario que me dejaron me enteré que hay una cuadrilla en los Pirineos que le encanta el blog, que les gusta este aire norteño que tiene. Si es que... qué le vamos a hacer... mucho para hacer bien el amor hay que venir al sur, pero el vierto del norte mola y además quita todas las migrañas del mundo. Y para mí, que lo de pasar una temporada en un pueblo pirenaico con un puñado de libros es algo así como mis vacaciones ideales, estoy decidida a hacerme amiga de Mónica y compañía para que algún día me inviten a conocer esos lares.

Por lo que me tomo su última petición a rajatabla: Las señoritas se vienen a pasar un fin de semana a Donostia y quieren que yo les recomiende qué hacer. Dónde comprar y qué comer.

Así que me puse a pensar qué es lo que me gusta hacer en Donostia y tampoco creáis que se me han ocurrido muchas cosas.

Para mí Donostia es una ciudad para pasearla, Para empezar en una punta (digamos El Peine de los Vientos) y terminar en la otra (tomando algo en el muro de Sagües). Y para eso ahora es el mejor momento del año. Porque aunque suene extraño, para mí es en otoño y en invierno cuando más se disfruta de sus costas. Me gustan los sitios donde mejor se escuchan las olas y más sopla el viento, a poder ser en esas tardes grises cuando menos gente hay. Os diría que hasta evitarais la Kontxa, que ahí no hay más que gente. Yo prefiero el Paseo Nuevo, empezando por el puerto, y dando la vuelta a Urgull. Justo antes de llegar a la desembocadura del Urumea (antes de ese trecho que ahora está en obras), es mi sitio favorito. Si no llueve, cogeros algo de tiempo y sentaros en el pretil. Ese sitio en silencio es el mejor analgésico del mundo. Por cierto, una vez llegado al río, podéis pasar el puente y tirar para arriba hasta aburriros. Quizá hasta la altura de tercer puente, cruzarlo, ver la plaza Bilbao y tirar por la calle Getaria para lo viejo otra vez.


Pero para ser sincera una cosa que hago más que pasear es tomar cafés por la ciudad. Me gustan las cafeterías pausadas, acogedoras, esas en las que la cabeza no se te carga de ruidos y puedes hablar durante horas tranquilamente. Últimamente uno de mis sitios favoritos es Gogoko Goxuak (calle Andia 11), justo en frente de Alderdi Eder. Es de lo más acogedor y de lo más tranquilo que se puede encontrar por la ciudad. Un poco más a desmano pero con todo el encanto del mundo también está La Guinda (calle Zabaleta 55, en Gros), podría ser una buena parada si vais a la zona de Sagües y queréis tomar o comer algo. Si llegáis hasta allí, en la acera de enfrente tenéis Garoa (calle Zabaleta 34), una de mis librerías favoritas en las que todo está colocado para que se pase el tiempo volando mientras ojeas libros. Aunque si andáis por el centro tenéis que probar el mejor café de la ciudad en alguna de las pastelerías Barrenetxe, la original es la de la Plaza Gipuzkoa, justo en frente de la Diputación, Otro sitio cuqui que está por el centro es Kafe Botanika (Paseo del Árbol de Gernika 8), pero es tan cuqui y está tan a mano que suele estar hasta los topes. Igual podéis ir a desayunar a primera hora (abren a las 10:00 en fin de semana).

Con los Pintxos suelo tener bastante complejo porque nunca me entero mucho. Para las recomendaciones siempre termino preguntando a mis amigas y son ellas las que hacen unos listados interminables. Esta vez en cambio me voy a mojar y os diré mis cuatro sitios/pintxo de culto: El salmón del Atari (calle Mayor 18), la brocheta de gambas o el MariJuli del Goiz Argi (calle Fermin Calbeton 4), la anchoa con salsa de centollo del Txepetxa (calle Pescadería 5) y el risotto Idiazabal del Borda Berri (calle Fermin Calbeton 12). Para llenar la tripa con ganas soy muy de ir al Va Bene (Boulevard 14 o Blas de Lezo 4) y comerme un sandwich 26, aunque tampoco le hago ascos a la hamburguesa. Pero aquí también hay que ser espabiladas y hay que intentar acercarse un poco antes de las horas punta, porque sino hay que esperar bastante y al final uno se aburre y termina comiendo algo mucho más cutre al doble de precio. Y para comer con todas las de la ley otro dos sitios: la cocina innovadora pero con fundamente de Morgan Kompany (calle Euskal Herria 8, igual es conveniente reservar por si acaso) y la tradición de Restaurante Txoko (calle Mari 12, en el puerto).

Si después andáis con ganas de dulce, pasaros por La Viña a probar su tarta de queso (se puede pedir la ración para llevar) y si aunque el tiempo no acompañe os apetece un helado, ir directas a Los Italianos de la calle Aldamar (nº 22).

En donde tengo problemas es con las tiendas. Supongo que leyendo el blog os habréis dado cuenta de mi afición por las compras online (sobre todo por cierto antro de perdición llamado Asos) y la verdad es que las compras físicas no son uno de mis fuertes y me cuesta mucho dar direcciones. Cuando quiero algo soy más de ir a por él que de callejear a ver qué encuentro. Realmente hay muchas tiendas bonitas con cosas preciosas pero suelo ser más de comprar cosas puntuales en ellas.

Y no sé que más recomendar... A veces me parece que ya está todo dicho sobre Donostia.

Espero que no os llueva a mares pero que podáis disfrutar de nuestro querido viento del norte y de un Cantábrico algo enfurecido.

Cualquier otra petición ya sabéis dónde encontrarme. Algún día os llegará la vuelta ;)


Un beso.