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domingo, 1 de abril de 2018

Todo al amarillo

1. @voguejapan
2. Jeffrey Campbell
4. Free People
5. Pinterest
6. Pinterest
7. @urbanoutfitters


Leyendo el libro Cómo ser mujer de Caitlin Moran, de todo lo que decía lo que más se grabó en mi mente fue el consejo de tener un par de zapatos amarillos en el armario porque de manera sorprendente, combinan con todo. Una vez se lo comenté a mi hermana y me dijo a ver si no había visto a Moran, a ver si en serio me iba a fiar de un consejo estilístico salido de su boca. Pero yo llevo tiempo dándole vueltas y creo que esta primera me lanzo a ello. 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Reflexiones sobre mi armario

El otro día hice el cambio de armario por la necesidad imperiosa de ver con qué arsenal de ropa con la que cuento para afrontar el frío antes de empezar a planear mis futuras compras. Algunas me llamaron exagerada, me dijeron que aún queda verano. No les quise llamar ilusos pero allá cada cual con sus creencias.

Y yo cada vez creo más en no comprar por comprar, sino en comprar por amor o por necesidad. En llenar el armario de aquellas prendas que me quiten la respiración cuando las vea y me hacen sentir un poco más Diosa cuando me las ponga. En primer lugar estudiar lo que tengo y sus posibilidades, para luego trazar una ruta de futuras adquisiciones.


Sin necesidad de atarme a un Capsule Wardrobe, tener sólo lo que realmente me muero por tener, porque los años me han enseñado que de aquello que me apasionó, no me suelo aburrir. Meter en cajas aquello que no va con la temperatura exterior para que al pasar los meses y vuelva su estación, me haga la misma ilusión del principio. Tener mis colores pero cambiarlos un poco cada temporada para no aburrirme.

Ser exigente y al ver algo que me gusta, pensar por inercia si ya tengo algo parecido y combinaciones varias que le hagan ganar a pulso su privilegiada percha. Perder el tiempo en tiendas online para llegado el momento, hacerme con la mejor opción. Cuidarme, mimarme y perfumarme, tener a mano mi rojo favorito de labios para poder verme siempre resplandeciente. 

En definitiva, tenerlo todo preparado para no saber qué es ese miedo atroz de no tengo nada que ponerme. 

domingo, 30 de julio de 2017

Comprando en julio

Rebajas, esa palabra que tan deseada era hace unos años y que tan poco dice ahora. Puede que mi lista de adquisiciones que venga a continuación indique lo contrario, pero hace ya un tiempo que dejé de volverme loca esperando los días señalados. Atrás quedaron las épocas en los que me hacía con vestidos que tampoco me gustaban tanto en colores que tampoco me favorecían tanto o cuando llenaba el carro de trapos simplemente por el hecho de que tocaba comprar algo. Con lo que me agobia llenar el armario con cosas que no utilizo, creo que he llegado a ese punto en el que compro con cabeza. Toquemos madera para no volver al lado oscuro.

Principalmente, supongo que he aprendido a tener paciencia. En saber justo qué es lo que quiero, pensar en con qué me lo pondría, en si tengo algo parecido en el armario o algo que me sirviera en las mismas ocasiones. Doy tantas vueltas que puede que me termine volviendo loca pero al menos mi bolsillo y mi armario lo agradecerán. Mi modus operandi ha cambiado, quizá gracias a Pinterest, pero ahora compro para cubrir una necesidad, ya sea real o amorosa, pero en mi cabeza sé lo que quiero y lo busco con ahínco hasta encontrar algo que me convenza. 

Este año, estoy especialmente contenta. No voy a decir que hice una lista y que la he seguido a pies juntillas, digamos que identifiqué mis necesidades y que estoy aprendiendo dónde buscar mejor. 

Aquí están:

-Zapatillas blancas: Lo sé, están en todos los lados y justo por eso yo también me di cuenta que era el calzado veraniego que necesitaba porque iba bien con todo mi armario. Aquí donde me veis tan fina, mi pie tiene la anchura del de un hobbit, por lo que he aprendido a ir a Vans de cabeza. Me llegó un vale de Zalando diciendo que me echaban de menos blablabla y lo aproveché para hacerme con unas Vans básicas, blancas y con velcros. Estoy encantada.

-Chanclas: Mucho zueco sueco precioso pero al final termino pasando el verano en chanclas, me ha costado mucho reconocerlo pero así es, soy demasiado comodona. Y ese es el punto donde unas sandalias que antes te parecían feas como las Birkenstock, las terminé probando y son tan cómodas que me enamoré de su belleza interior. El año pasado ya me hice con unas Arizona que no me quité y este año he ido en caza y captura a por el modelo Madrid Eva en blanco. Perfectas para ir a la playa y que de igual que se llenen de arena.

Pero antes de las Birkenstock, el reinado era exclusivamente de las Havaianas y todavía al menos un par tengo que tener. He repetido el modelo gris-plata unas tres veces y como todavía las tengo (aunque tan viejas que me da vergüenza sacarlas a la calle), en Amazon encontré unas salmón-naranja a mitad de precio y me lancé.

-Zapatillas de deporte: Necesitaba renovar mis zapatillas de "hacer deporte" (supongo que no soy la única que es incapaz de ir al gimnasio con las mismas zapatillas que luego utiliza para "vestir"), ya no sé cuantos años tenían y otra vez mirando en Amazon, boom, unas Nike preciosas con un -60% a 40€.


-Jersey de invierno: Llevaba unos días buscando use jersey perfecto de invierno que yo llamo con "estilo nórdico", me había rastreado las rebajas y los outlets de mis tiendas online de cabecera, pero nada. Hasta que ayer, entramos en las rebajas de las Galeries Lafayette a salsear y ahí estaba, con un -70%+-20% por ser ayer. Casi lloro de la emoción. 

Pero quizá lo más gracioso fue cuando el domingo pasado bajé a hacer algunos recados y encontré una de esas tiendas que abren los domingos para los turistas. Entré y encontré (por fin) el cárdigan mostaza que llevo buscando ya no sé ni cuantos años. Cosas del destino.

-Parka de invierno: Porque haciendo honor a la verdad, fue la parka la que casi me hizo llorar de la emoción en Lafayette. Una preciosa para gordita, de un tono ocre que me hará salir del verde militar de siempre. Y sí, con el mismo descuento que el jersey, en un precio de risa. 


Compras pendientes que seguiré buscando con paciencia por si suena la flauta:

-Reloj: Porque tengo dos y ninguno de los dos me convence ahora mismo, al final voy sin nada, cosa que me da mucha pena porque siempre he sido muy de llevar reloj.

-Clutch dorado: Fui de las que sucumbió a aquel clutch tipo neceser que sacó Zara hace unos ¿ocho años?. Lo he utilizado, me ha encantado sacarlo de paseo aún cuando las masas dejaron de hacerlo, siempre que el día necesitara algo de brillantina. Pero ahora el pobre está ya perdiendo lentejuelas por el camino intentando imitar a Pulgarcito, por lo que va siendo hora de buscarle sustituto. Si no aparece nada, amenazo con comprar un retal de terciopelo dorado e intentar hacerme esa maravilla que sacó Acne Studios hace unos años.


Y así, ni vestidos, ni faldas, ni bolsos (ya tengo el más bonito de todos o sea que para qué), ni camisetas... aunque si encuentro alguna camiseta marinera de manga larga no respondo. 

Un abrazo,
Maddalen

domingo, 16 de julio de 2017

La locura del bolso (parte II)

Os juro que pensaba que nunca lo iba a tener. El post anterior sobre el bolso lo hice medio en broma y la gracia se me fue de las manos, hasta de la radio me llamaron para saber qué tenía ese bolso para quitarme el sueño. No me quita el sueño, dije, dejémoslo en que sueño con él.

Aquel post fue una manera de despedirme de la obsesión, verbalizarlo para afrontarlo, y poco a poco me fui haciendo a la idea. Hasta que un día tonto cualquiera, me metí en la tienda online de marca y ahí estaba, fuera de stock. Adiós, ya para siempre, olvídate de mí. Y no pases 19 días y 500 noches que nos conocemos.

Pero no me resistí, quise dar una última vuelta sin esperanza por Google, como si de un funeral digno se tratase, con toda mi pena en ebullición. Pero allí, en esa segunda página del buscador donde dicen puedes esconder un cadáver, estaba mi bolso. Realmente lo que estaba era una tienda online de una cadena de zapaterías parisina de la que nunca había oído hablar. Desconfianzas por delante, ahí estaba, disponible, esperando a que yo hiciera un par de clicks. Con un nerviosismo creciente, di un paseo por París gracias al street view: las zapaterías estaban donde decían estar y los escaparates no tenían mala pinta. Por último, llamé a ese amigo que sabía que me diría algo así como "te lo tienes que comprar" y me lancé.

Lo cierto es que seguía sin creérmelo. Me repasé el seguro de Paypal y su política del pago a 20 días para estar preparada por si no volvía a saber nada de las zapaterías parisinas. Me metí otra vez, para verificar que realmente estaba ahí, en pedido procesados, pendiente de envío, y cuando quise admirar una vez más la ansiada adquisición, me encontré con un viejo amigo, el cartel de Sold Out, aquí también había llegado pero esta vez yo había sido más rápida.

Y llegó, al segundo día laborable ya estaba el repartidor entrando por la puerta de Hunky Dory con mi paquete en la mano, envuelto en la reconocible cinta de embalar de Venise Collection (que desde ahora son mis zapaterías favoritas de París y totalmente recomendable el servicio de venta online que tienen). Firmé, esperé a que se fuera el repartidor, abrí y ahí estaba. Palpé, maravilloso cuero. Bien. Olfateé, maravilloso olor a cuero. Más que bien. Era perfecto, mejor aún de lo que había imaginado.

Y así llevo, casi dos semanas. Admirándolo con el fervor de Gollum por el anillo.

 @wayaiu me retó a enseñar lo que llevo en el bolso

El otro día, una amiga me decía que no entendía lo mío con los bolsos, que no le entraba en la cabeza tanta pasión. Decía, que a ella le gustaban los vestidos, porque con ellos se podía ver más guapa, pero que un bolso no tenía ese poder. ¿Por qué entonces volverse loca por uno en concreto?

Tampoco supe muy bien qué responder, sonreí y no sé si pude disimular la cara de esto lo entiendes o no, y si no lo haces, poco puedo hacer por ti. Creo que le dije algo como que al igual que hay gente que colecciona arte o les gustan las joyas, a mí me gustan los bolsos. Supongo que será esa mezcla de practicidad y belleza, no sé, tampoco entiendo muy bien mi pasión por los aguacates y ahí está.

Cuando me llamaron por la radio, me preguntaron cuántos bolsos tengo, no sé si pensaban que respondería que tengo una habitación entera de ellos o qué. Tampoco tengo tantos, pero me gusta que los que me compro me apasionen. Me gusta desearlos de antemano, anhelarlos, planificar su compra como si de un día señalado se tratase o la emoción de decidirlo a lo loco. Luego, a veces, hasta los dejo colgados de la pared, a la vista, para admirarlos hasta cuando no los tengo entre las manos.

Dicen que los heroinómanos siguen pinchándose queriendo repetir aquel primer subidón que los atrapó para siempre. Lo mío fue algo parecido, con la suerte de que se ha vuelto a repetir varias veces y ahora que lo pienso, puede que sea la razón de lo mío con los bolsos. Tenía yo 25 años cuando nuestra madre nos dio a mi hermana y a mí una paga extra para comprar algo que nos gustara en las rebajas. El dinero daba para unos un par de vestidos en Zara, una sudadera y dos camisetas en H&M, un abrigo en Mango y hasta un par de bailarinas en Blanco. Pero en cambio, me gasté todo el dinero en un único bolso. Negro, clásico y de cuero. Fue al tocar (¿suena demasiado pervertido si digo acariciar?), al oler y al admirar aquel bolso cuando supe que mis días en Misako habían llegado a su fin.

Desde entonces ha habido varios, de todos los tamaños y colores, y hasta tengo la manía de no repetir marca (menos los de Zubi que tengo cuatro). Y lo mejor de todo, es que cuando los utilizo, vuelvo a sentir aquel primer subidón que se ha vuelto mi adrenalina particular.

¿Si le cuento todo esto a mi amiga lo entenderá?

Por lo que sí. Estoy encantada con mi nuevo bolso, ese que tanto me costó encontrar, que se volvió una obsesión y que aún no me creo del todo que esté en mi armario. Con todas las cosas que uno no puede conseguir en este vida, está bien que de vez en cuando puedas hacerte con alguna, por muy descabellada que parezca, y disfrutarla, mucho.

Maddalen

domingo, 6 de noviembre de 2016

November Issue

Saltándome octubre, noviembre ya me ha pillado con ganas de estar en casa debajo de la manta. Voy contando los días para que llegue el 25, ese día que será como Navidad para todos los amantes de las Gilmore (gracias a @wayaiu y a @establesb por hacerme sentir acompañada en esta locura). Pero hasta entonces, el mes también tendrá su jugo.


Sigo metalizada 

Por fin me hice con una falta plateada y una amiga le está cogiendo el bajo. Cuando la caída de la tela no es la adecuada, mejor acortar (sí, ya me estoy metiendo en el viejunismo máximo de alabar ciertas caídas). Pero para más inri, ayer cuando volvía de ver ese excepcional partido de Anoeta, me quedé prendada del plumifero plateado que una chica llevaba delante mío y aunque lo de comprar algo de Zara para que todo el mundo lleve lo mismo no me hace mucha gracia, caerá. 


Quiero una taza Gilmore 

Hay que celebrar la vuelta de mis chicas favoritas por todo lo alto y me está picando el gusanillo de customizarme un bonito tazón a la manera más Lorelai posible: Coffee, coffee, coffee. Ya que al final no me lancé con el punto de cruz, a ver si soy capaz de hacer una simple taza.


Boniato y Friends

Pero a falta de lo nuevo de Gilmore, a mí en otoño siempre me da por volver a ver Friends one more time. Llegar de trabajar y ver un par de capítulos a la hora de la cena es mi relaxing cup of café con leche particular. Y este año me siento más Friends que nunca (el otro día haciendo reparto de roles en casa me dijeron que yo tengo que ser Rachel, ahí es nada) porque me ha dado muy fuerte por el boniato, a ver si aprendo a cocinarlo la mitad de bien que mi compi Isa (nuestra particular Monica entre sartenes).


Lluvia, vela y libro

Ando bastante relajada con las lecturas, nada acumulativa. Leí Americanah y me encantó, leí Los Interesantes y me encantó, y ahora estoy con El club de los optimistas incorregibles y aunque todo el mundo lo pone por las nubes, a mí me está costando un poco. Sé que si pongo que estoy pensando en dejarlo alguien me dirá que no lo haga, que insista, por lo que mejor lo hago con silencio y alevosía. Por otra parte, para el club de lectura de este mes de Garoa también le estoy dando a Asamblea Ordinaria, y ése sí, ése me está dejando maravillada. Son pequeños bocados de realidad escritos de la manera más preciosa. 





Signature Scent

Yo, que vendo perfumes y vivo rodeada de ellos, no termino de encontrar el mío propio. Y lo que nunca antes me había pasado, me apetece pasar toda la temporada otoño-invierno rodeada del mismo olor, de eso que le llaman signature scent. Como juego, se me ha ocurrido idear una mezcla de varios para conseguir un resultado que me enamore, pero aún estoy en el proceso de ensayo-error. 


¿Adiós a Dorothy?

Otro asunto que me anda rondando por la cabeza, es el hecho de qué sentido tiene seguir identificándome como @dorothymaia cuando El tocador de Dorothy lo aparqué definitivamente. Pero me da cierta pena el cambio, como si fuera dejar atrás la identidad que tantas cosas buenas me ha dado, tantos amigos y tantas bonitas aventuras. Supongo que una vez con el run-run en la cabeza, terminaré por quitarme la tirita pero... 


No sé cuando, pero volveré.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Ya estoy en otoño

No sé vosotros pero yo ya estoy en otoño. Una tarde libre que tuve esta semana hice el cambio de armario, no sea que el fresquito me pille desprevenida, y ya perdí la esperanza de dormir con la ventana de mi habitación abierta de par en par. El viento del norte hace que me sea un poco más difícil llegar hasta Hunky Dory y abrir su puerta, pero aquí una que hacía bloqueos en balonmano, no se deja amedrentar por dos soplos de aire.

El nuevo curso me dio fuerzas para, por fin, despedir El tocador como se merecía, igual ahora que sólo me queda este frente abierto me da por escribir más pero who knows. Por ahora, me cogido este ratín para ordenar ideas antes de ponerme a elegir en el amplio cartel del Zinemaldia, donde siempre me siento como en la sección de vinos de alguna tienda, no me quiero equivocar pero no suelo saber ni por dónde empezar. Bueno miento, el cuestión de cine algo más de criterio tengo.

Y mientras pienso si prefiero darle al cine latino-americano o al oriental, aquí algunas de las cosas que ocupan mi mente en esta rentree:

Americanah de Chimamanda Ngozi Adiche: Cuando suelen recomendarte tanto un libro, al final es inevitable sentirte algo decepcionado pero ésta está siendo una de esas bellísimas excepciones, puede porque la voz de Chimamanda Ngozi Adiche me suene a una mezcla entre Jeffrey Eugenides y Jhumpa Lahiri. Así es fácil encandilarme.

Una falda: Al hacer cambio de armario me he dado cuenta, necesito una falda, midi, preferiblemente estampada, con corte en A pero tela fluida y en su caso tableada. Las metalizadas me gustan pero tanta exposición a ellas me está generando cierta pereza. El otro día me crucé con una chica que llevaba la falda perfecta y estuve a un pelo de pararla y hacerle la gran pregunta. Pero soy cobarde y no me atreví. Ahora ando a la caza y captura como si de un gamusino se tratara.



A Little Bit of Everything de Dawes: Llevo meses obsesionada con esta canción, pero es tan nostálgica que creo que gracias a la caída de las hojas conseguirá su momento cumbre. Aquí la actuación que no sé por qué, casi me saca la lágrima.

Grace & Frankie: O lo que es lo mismo, Jane Fonda y Lily Tomlin, me han embaucado de tal manera que cada día necesito mi dosis de su deliciosa serie. Aún ando sólo por la primera temporada pero ya ando con dosificaciones.



Florencia: De allí volvimos el domingo y a allí queremos volver a toda costa. Italia cada vez que voy me muestra cuáles son esas razones por las que siempre digo que es mi país favorito. Florencia estaba tan bella como la recordaba y eso es mucho decir.

Un perfume para otoño: Ahora mismo, el nardo especiado de Nuit de Tubereuse, esa maravilla de Bertrand Duchafour para L'Artisan Perfumeur. Dure lo que dure el enamoramiento.

Una ensalada: La que se ha vuelto mi favorita este verano y promete serlo durante mucho tiempo: Lechuga, tomate, aguacate, atún, espárragos trigueros y germinados de cebolla. Espectacular.

La alegría de haber comprado bien en el pasado: Cada vez le doy más vueltas a las cosas que necesito y quiero, pero eso me está llevando a tener un armario en el que todo me gusta y todo me apetece ponerme. Ahora me alegro de cuando pedí por Reyes el Irati de Zubi, me he re-enamorado de un reloj Michael Kors de carey que compré hace unos cuatro años, una sudadera de H&M que Paquirrín tiene la misma pero a mí me siguen encantando sus grandes flores o las Nike Air Max negras que me customicé que amenazar con ser el calzado del invierno una vez más.

Irati de turismo en Florencia

Seguiremos informando.



martes, 17 de mayo de 2016

Febrero, marzo, abril, mayo...

Long, long time ago, I can still remember... es el inicio de una de mis canciones favoritas pero podría ser la introducción a este post que tanto ha tardado en llegar. Podría contar las excusas de siempre o podría decir que simplemente no me apetecía asomarme a esta ventana. No sé, quizá trabaje demasiado (gracias a los clientes de Hunky Dory Laboratory), quizá me haya vuelto más perezosa... realmente no importa. Por lo que he decidido romper la inercia con un post rapidito, con todas las cosas bonitas que han estado pululando por mi mente los últimos meses.

-The Good Wife, ese gran adios, a esa gran mujer, a esos grandes personajes y a esos maravillosos guiones. Se dice que ya está confirmado un spin-off de Diane Lockhart, si alguien puede seguir estando a la altura es ella.

-Cortinas estampadas con hojas de palmeras con una tela que compré online en una tienda que no sé ni cómo encontré. Al final, le he dicho a una amiga que me las cosa, porque a este ritmo, se me terminaba el verano y yo sin estampado tropical.


-Glitter en mis pies en forma de Birkenstock. Me lancé a por ellas y ya las he estrenado, se sigue confirmando mi teoría de que cuando algo te gusta mucho mucho, siempre te los pones mucho mucho también.

-Libros, cómo no. La Hondonada de Jhumpa Lahiri y El bar de las grandes esperanzas de J.R. Moehringer. De esas historias que se han quedado conmigo.

-No está bien que tenga favoritismos entre mis niños pero Douro de Penhaligon's, esa fragancia cítrica, seca y refrescante, que me alivia hasta los dolores de cabeza.

-Esta falda. En serio, está hecha para mí.


-Capitan America: Civil War (terminé la película muy muy arriba), El puente de los espías (soy cero de Spielberg+Hanks pero cosas que pasan), Locke... y algún título más. He vuelto a ver películas como antaño, como cuando iba al videoclub, eligiéndolas por cartel y sinopsis. Nada de pasar una hora sopesando pros y contras de 100 opciones diferentes para que luego la elegida no supere las expectativas.

-El producto estrella de la temporada: la Miracle Cleanser de Aurelia. Crea adicción. Sin más.


No prometeré volver pronto porque no sé, puede que no, o puede que mañana.

Un abrazo.

martes, 3 de noviembre de 2015

Escribiendo por escribir

"Ya no escribes en el blog."

Me lo están repitiendo últimamente. Yo respondo que no, con cierta tristeza y preocupación. ¿Debería escribir? Parece una tontería pero me lo pregunto.

Y lo cierto es que me gustaría. No os voy a decir eso de que no tengo tiempo... Lo de tener negocio propio usurpa energía pero algún hueco queda. Más que eso, es el hecho de no saber sobre qué hacerlo lo que me lo impide.

Hunky Dory Laboratory.

Es lo único que últimamente tengo en mente. ¿Os he dicho ya que tenemos una perfumería preciosa y que también vendemos online? Post patrocinado por Juan Palomo.

Nuestra precios niña, Hunky Dory Laboratory

Parece ser que me he vuelto una de esas madres coñazo que no hablan de otra cosa. Que realmente no piensan en otra cosa. Y hombre, algo de orgullo y satisfacción te da el hecho de que te saquen en Woman.

Libros. Sí, también sigo leyendo. Pero tampoco escribiré un post tras otro sobre el libro del momento. Este blog antes tenía variedad.

La independencia me ha llevado a vivir en un sitio privilegiado, con esa famosa barandilla a apenas 100m, pero eso conlleva a olvidarse de las compras, de los caprichos, de las inspiraciones, y a sacarle partido máximo al armario.

Pero no me quejo. Mi mayor capricho otoñal ya esta de camino. ¡Ay, Irati! Desde que oí el nombre supe que tenía que ser mío.

El precioso bolso Irati de Zubi vía Instagram de @zubidesing

¿Algo más?

Pues que se avecina presentación del libro de Andrea Amoretti en la perfumería, seguido de su taller de estilo al que estoy deseando asistir. Una escapadita express a Madrid en donde puede que se cueza algo. Y que una de las personas más guays que me ha dado este mundo 2.0 también se ha lanzado a la piscina de emprender. Os presento Moss The Shop.


Seguiremos escribiendo por escribir.



miércoles, 16 de septiembre de 2015

¿Y después del sol, qué?

¿Vosotras también tenéis la sensación de que el verano se ha acabado de repente? Una amiga nuestra de Alicante se ríe mucho cuando le decimos que este verano ha sido buenísimo. Se queda como el emoticono de los ojos enormes defendiendo que un día nublado no es un buen día y que en Donostia hay demasiados días grises. Nosotras en cambio, sabemos cuántas veces hemos tenido que abrir el toldo y afirmamos con certeza, que este año Lorenzo, ha dado pocas treguas.



Si nos habéis visto la cara, sabréis que no somos de las que nos prodigamos mucho por el sol y tampoco creáis que lo hacemos tanto porque somos conscientes de los estragos que hace el sol en la piel, se puede decir que simplemente somos más de sombra. Que lo de sufrir por calor, lo justo. 



miércoles, 29 de abril de 2015

Marina, Marina, Marina...

Para lo bueno y para lo malo, soy de esa clase de persona que sabe lo que busca. Aunque sea en mi cabeza, la idea suele estar clara, por mucho que luego ni siquiera exista lo que yo estoy buscando. Doy vueltas, busco por todos lados, investigo, espero con paciencia... y a veces desespero. Lo que sea, antes de hacerme con algo que no me satisfaga al 100%.

Así andaba yo buscando el calzado negro perfecto para este verano. De hecho, diría que este igual es el tercer verano con la misma búsqueda. Soy algo rara y maniática para las sandalias, y más si son el color negro.

Al final, después de rastrear todas las tiendas online y offline de la zona, me lancé a por lo que el corazón me dictaba: el modelo Marina de Swedish Hasbeens.


Reconozco que el hecho de que sea una edición limitada presionó algo mi decisión. Esa sensación de ahora o nunca, de que apenas quedaba mi talla y que si se agotaba nunca más en la historia de la humanidad me podría comprarlas, consiguió que me lanzara a por ellas. Asos me suele engañar de la misma manera cuando en los artículos guardados aparece ese mensaje de "quedan pocas unidades".

Ahora ya se me han olvidado todas las pegas que les ponía cuando intentaba deshacerme racionalmente de la idea de comprarlas. Ahora sólo siento amor.



¡Besos!

domingo, 26 de abril de 2015

Excusas para el acopio

Siempre he dicho que lo mejor de leer es eso de vivir otras vidas, probarme otros nombres... abrir el libro entre dos páginas y simplemente desconectar del mundo. Y en estos días que ando monotemática por la vida, no sólo en el tema de conversación sino también dentro de mi cabeza, los libros son una boya de salvamento a los que me agarro con todas mis fuerzas por el bien de mi salud mental.

Así me ha pillado el día del libro, con ganas de hacer acopio de historias que no dejen que me obsesione con mis proyectos. Por una vez, dadas mis visitas mensuales a la librería Garoa, no había nada en la wishlist. Pero había que coger algo, por vicio y por tradición, y porque mi madre me incitó a ello con un mensaje que me mandó la víspera diciendo "Como mañana es el día del libro, y para no perder las buenas costumbres, compra un bonito libro. Pago yo. Un beso". Tampoco es que necesitara el mensaje ni pienso pasarle la factura (bastante me va a ayudar con otras cosas), pero siempre está bien saber que tus progenitores bendicen tus pequeños vicios.


Al final los elegidos fueron Música para feos de Lorenzo Silva y La verde luz de las estepas de Brigitte Reimann. Como bonus track, me tocó Balthazar de Claudia Gray en un sorteo de los Libreros de Gipuzkoa, la típica historia de un vampiro de que puede evitar enamorarse y bla bla bla, pero seguro que me sirve para quitarme este mono a Eric Northman que tengo. Porque lo pienso leer también, al menos las primeras 20 páginas.

Sobre lo leído estas semanas, estoy bastante trastocada aún con El libro de Jonah. Aunque ha sido uno de esos libros que te da pena terminar, tengo la sensación de que he disfrutado cada página, de que he aprovechado al máximo el goce. Libros del Asteroide se ha convertido ya en mi editorial de referencia y me da que voy a empezar a coleccionar sus libros como si fueran obras de arte.

Seguiré leyendo.


¡Besos!


viernes, 6 de marzo de 2015

Quiero rayarme

De esto que ves algo que no sabes si te gusta, pero empieza a venirte a la mente cada poco y un día, te ves buscando algo parecido como te fuera la vida en ello.


ESA falda, me va a dar tan igual que me quede mal... Ya me veo poniéndola con mi Swedish Hasbeens... ay, es puro amor.

Por cierto, si la encuentro ya me lo podría comprar porque ayer cumplí mi reto de pasar dos meses sin comprar nada nuevo y apreciando lo que tengo en el armario. Parecerá una tontería pero esta abstinencia me ha dado perspectiva, me ha ayudado a valorar todas las prendas bonitas que ya tengo y a buscar aquellas piezas que realmente me gustan o que necesito. Como dato diré que una vez cumplido el plazo, no fui corriendo a comprar algo en Asos. Al principio me costaba creer que aguantaría todo este tiempo, me daba algo de vértigo pensar que podría cruzarse el vestido de mi vida en el camino y que no podría comprarlo. Pero para nada ha sido así. No he tenido apenas tentaciones y ahora mismo sigo sin tenerlas. He pensado que esperaré al cambio de armario (primavera, ven pronto) para adquirir alguna otra prenda.

En fin, ¡buen fin de semana!



P.D. 1: De cuando definí mi estilo.

P.D. 2: De cuando decidí darle valor a mi armario.

viernes, 13 de febrero de 2015

Le Pliage #onemoretime

Supongo que siempre me han gustado los bolsos, puede que me esté repitiendo porque siempre lo digo o lo dejo caer. Lo mío casi lo calificaría de fetichismo. 

Hace años, tenía mil, cuantos más mejor. Todas estas tiendas donde puedes encontrar bolsos por unos 20euros, eran mi PortAventura particular. Pero todo cambió la primera vez que me hice con uno "bueno". Mi madre nos dio cierta cantidad de dinero a mi hermana y a mí para que lo gastáramos en las rebajas y yo lo invertí todo en un bolso de Bimba y Lola. En aquellos tiempos todavía eran bonitos y deseables. Sentir el tacto de aquel cuero, me hizo desechar la idea de volver a comprar esos plasticorros que terminan descascarillándose en menos de seis meses. Desde entonces, cada bolso que ha entrado a mi colección ha sido con premeditación, alevosía, deseo y fervor, Hoy en día creo que tengo unos 10 o 12 y la sensación de estar saciada. De vez en cuando tengo algún flechazo como el que me dio en la tienda de Malababa aquel fin de semana largo que pasé en Madrid, pero en líneas generales, dejé hace un tiempo esa eterna búsqueda de EL bolso. Creo que los tengo de todos los tamaños, para todas las ocasiones y combinaciones. De hecho, me gusta pensar en ellos como una colección de arte y tengo la manía de no querer repetir marca, uno de cada, como si estuviera tachando casilleros. No sé por qué pero lo mismo me pasa con los pintalabios.

El Pliage de Longchamp lo compré hace ya 3 o 4 años, con la ilusión de estar haciéndome con un clásico: en verde botella y con la asa larga. Durante este tiempo, lo he amortizado y lo he utilizado tanto que el pobre estaba hecho polvo y dando pena, por lo que ayer tocó reponerlo. Con la misma ilusión y sabiendo que es una apuesta segura, esta vez en gris carbón, que el gris siempre es un acierto y éste es especialmente bonito. 


Por lo que así me seguiréis viendo, bebiendo café en cualquier esquina y con mi nuevo Pliage colgado de la silla (o apoyado en suelo que así ha terminado el otro...).


¡Besos!

lunes, 9 de febrero de 2015

Quiero ponerme mi chupa

Aprovechando las ofertas navideñas, me hice con un básico que llevaba años queriendo tener: una cazadora de cuero. 

Ahora, con estos días fríos que estamos teniendo, yo sólo quiero que llegue la primavera para ponerme mi chupa con cualquier prenda que se me ocurra.



Aunque de mientras, también voy feliz luciendo abrigo peludo.



¡Besos!

jueves, 29 de enero de 2015

Ordenando ideas

No tener tiempo de escribir. O lo que es peor, no tener tiempo de pensar sobre lo que me apetece escribir. Y así, claro, no hay manera de pasearse por aquí. Leer es lo que me mantiene las ideas ordenadas, aunque en el hábito sigo igual de anárquica y el lunes empecé con También esto pasará de Milena Busquets sin haber acabado ninguno de los que están en progreso. Ya no aguantaba más sin probar en mis propias carnes la que parece a ser la nueva revelación literaria. Y qué bonito todo por ahora.

Hace una semana mi rutina cambió y poco a poco me voy acostumbrando a los nuevos ritmos. La buena noticia es que aún sigo tomando mi super-zumo mañanero, vamos, que no me ha vencido la pereza y limpiar la licuadora cada vez es menos tedioso. La receta ha ido variando pero la definitiva por ahora es 3 zanahorias, 1 manzana, medio limón y un trocito de jengibre. Sorprendentemente, cada vez disfruto más esos minutos de silencio cuando parece que aún nadie se ha puesto en marcha.



Sigo fiel a mi armario, resistiéndome a comprar nada hasta que llegue el 5 de marzo. Cada una tiene sus pequeñas metas y sus retos cotidianos de superación. No ha habido demasiadas tentaciones para saltarme la restricción. Quizá un abrigo de estampado de leopardo en rojo que vi el otro día... pero rectifiqué a tiempo pensando en que estoy a un par de prendas de ir vestida de leopardo todos los días y tampoco es plan. Esto de no comprar y ser más austera con mi armario, está consiguiendo que quiera vaciarlo aún más y tirar la mitad a la basura. Una vez que te metes en esta vorágine de menos es más, te atrapa del todo. Cada vez me agobia más el hecho de poseer tantas cosas y en mi armario no iba a ser excepción. Ahora, qué ganas de sacar del baúl de los recuerdos todos los vestidos veraniegos que guardé en otoño. Qué cerca y qué lejos.

Como veis, ando con un popurrí de ideas que poco a poco se van asentando. A mi mente le tengo que dar un poco más de tiempo para que se me acostumbre a tener tantos frentes abiertos y no morir en el intento. Esto de escribir siempre tuvo un lado muy terapéutico. Lo escrito, ahí se queda, parece que hasta ordenado.


Un beso,

jueves, 8 de enero de 2015

Siguiente nivel: Empieza el juego

Desde que escribí aquel post sobre mi estilo, me he dado cuenta que ya no pierdo el tiempo en intentar innovar. He simplificado mis decisiones respecto a las compras y he dejado de lado todo aquello que si a mis casi-treinta no ha entrado ya en mi armario, no lo hará. Al menos por ahora. 

He aprendido a no mirar la bisutería y a dejar de seguir buscando el rojo perfecto de los labios. Ya lo tengo, y no uno, sino 5 rojos perfectos para diferentes ocasiones. He asentado mis básicos de maquillaje (a esto igual le tendría que escribir otro post) y ya no siento la necesidad de seguir experimentando con potingues varios. 

Una vez asentada la Fase1, digamos que ha llegado el momento para dar un paso más en mi afán de minimizar decisiones y simplificar armario y tocador. Que menos es más lo tenemos ya más que aprendido. Que una habitación ordenada, incluidos armario y tocador, ayuda a tener una mente equilibrada también. Por eso, el siguiente paso va a ser aprender a valorar lo que tengo y deshacerme de aquello que no necesito. 


Hace un tiempo empecé a pensar dos veces lo que quería comprar. Con los bolsos lo aprendí fácil, basta con comprar uno bueno para saber que ya no te vas a conformar con tener 20 de Misako y Blanco. Con la ropa me costó un poco más, sobre todo en la época de rebajas de Asos donde te encuentras vestidos que te gustan más o menos a precio de risa. Pero ya puedo decir que creo que estoy rehabilitada de todas esas compras-impulsivas-incitadas-por-chollos-imprevistos, y aunque no cantaremos victoria todavía, creo que ahora sólo compro cosas que me gustan mucho. Así que me he hecho con un fondo de armario con el que estoy muy contenta y toca explotar. 

¿Habéis oído hablar del proyecto Capsule Wardrobe? No sé quién lo habrá inventado, lo he leído en varios blogs entre los que se encuentra Unfancy que es quizás con la que más identificada me siento en el planteamiento, que no es otro que intentar huir de esa búsqueda constante de cosas nuevas que comprar y disfrutar de lo que ya tenemos. Al fin y al cabo, Capsule Wardrobe no es más que una manera que poner en números esa idea de valorar nuestro armario. 

He solido leer varias variantes, pero al fin y al cabo es elegir cierto número de prendas (36-37) y no salirse de ellas en toda una temporada. Algunas meten los bolsos dentro de ese número, otras no (yo no podría)... Para algunas la temporada dura 3 meses y para otras 6... A veces se da opción de comprar alguna prenda siempre y cuando retires otra, Unfancy por ejemplo sólo la opción de comprar las dos últimas semanas de la temporada mientras vas diseñando la nueva Capsule Wardrobe para la que viene... y así hasta mil variantes (aquí un ejemplo). Pero una idea en común: disfrutar y valorar la ropa que tenemos


Reconozco que a mí me ha dado cierta pereza ponerme a contar prendas, aunque cada vez me molestan más esas que no utilizo. Antes, solía desechar con pena aquellas que no utilizaba durante un par de años, ahora disfruto cada vez que lleno la bolsa de basura. Además me he vuelto tiquismiquis con las calidades de la ropa: No he comprado una chupa hasta que ha podido ser de cuero, me fijo en el porcentaje de lana que tienen los abrigos, tengo jerséis de polyester a los que les he cogido tirria... y sin mencionar el calzado y los bolsos. Pero luego el tiempo me da la razón, no todo envejece igual y ya estamos en una edad que lo que te gustaba un año, también lo hará al siguiente. 

A lo que iba, que me he apuntado a hacer un pseudo Capsule Wardrobe, sin contar las prendas pero teniendo que aguantar hasta el 5 de marzo sin comprar nada, 3 meses me daban cierto pánico. Ahora que pasan los días y no entro en Asos, veo que mi mundo sigue girando igual y que no por ello salgo a la calle menos guapa.  Lo gracioso es que tengo aún más ganas de deshacerme de todo aquello que no me apetece poner y quedarme sólo con lo que realmente me guste. Que digo gustar, adorar. 

Sólo me he permitido un pecado rebajil: un jersey de lana gris de Massimo Dutti Hombre que me ha estado esperando toda la temporada. 97% lana, 3% seda morera. A mitad de precio. 

Ahora, toca jugar con lo que tengo.

¡Besos!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Sin querer ser Cruella

Esta semana me han pasado cosas chulísimas. Desde seguir preparando una cata de perfumes con libros que vamos a hacer en la librería Garoa en 30 de diciembre, a la charla que di sobre mis blogs en la Sede Keler el miércoles invitada por On Egon. Fue un auténtico placer.

Pero mientras andaba entre tanto ajetreo, yo tenía otra preocupación en la cabeza. Espero que pronto me llegue mi abrigo de leopardo de Asos y no quiero parecer una Cruella de Vil con él. Por eso, también me he dedicado a buscar inspiración sobre el tema.



Está claro que la clave es contrastarlo con prendas informales, aunque me hacen gracia todas esas zapatillas sin calcetines. Muy monas pero menuda rasca.



¡Besos!

viernes, 5 de diciembre de 2014

Friday Night Fever

Dicen que los viernes noche son para cometer locuras. O puede que me lo haya inventado yo. Lo cierto es que con el frío que hace en la calle y lo mucho que estoy hibernando últimamente, mis locuras se reducen a las cuatro paredes de la casa donde vivo.

¿Cuándo empecé a querer un abrigo de pelo de leopardo en silencio? Ya ni me acuerdo. Supongo que hace un par de años. Pero como ya tenía el otro abrigo de pelo bicolor, me negaba a caer en las redes de más pelo sintético. Al final, el tiempo esperado no ha hecho más que incrementar mis ansias de tenerlo.


El plan A fue preguntarle a mi hermana a ver si utilizaba el que nuestra madre me compró en Primark hace un tiempo y que ella se llevó a Barcelona después de que yo dijera que tenía suficiente con el bicolor peludo. La respuesta de mi hermana fue para enmarcar: "Me lo pongo para estar en casa. Es tan caliente y me siento tan diva..." Así. Con eso se supone que comparto genes. Por suerte, le pareció razonable que yo lo quisiera para andar por la calle así que aprovechando que venía a pasar unos días se lo trajo en la maleta. Hoy he ido a visitarla a casa y me la he encontrado desayunando enfundada en el abrigo. Según ella, disfrutando de los últimos momentos con él. Aunque al probármelo delante del espejo no ha resultado lo que yo imaginaba. Demasiado oscuro, demasiado peluche. Vuelta a devolverle a mi hermana lo que era suyo.

Y así me he plantado, el viernes a la noche, aguantándome las ganas de hacerme con un abrigo de leopardo y de mi sesión anual de Mientras Dormías. Lo primero, porque mi parte racional me decía que ya volví de Madrid con un abrigo nuevo que no me quito de encima y porque las rebajas están a la vuelta de la esquina (aunque soy de esas mujeres que viven con miedo de que justo lo que les gusta no va a llegar a enero). Lo segundo, porque siempre hago lo mismo, veo la que es mi película navideña favorita a principios de diciembre (por no decir a últimos de noviembre, este año superé la prueba) y luego me paso todas las Navidades con ganas de volver a verla y autoimponiéndome la ridícula ley de no repetir. Creo que este año la ley va a ser abrogada.

Por lo que tenía dos opciones, no comprar el abrigo y seguir viendo capítulos de The Good Wife como una loca, o comprarme ese precioso abrigo de leopardo que me estaba esperando en Asos (en serio, ¿qué haría sin esta tienda?) y disfrutar de la mirada de Bill Pullman. Soy débil ante las tentaciones y bastante tengo con seguir la dieta de June estrictamente por lo que... click, click y a disfrutar.


Qué disfrutéis de estos deliciosos tres domingos y de sus desayunos. Mi viernes noche no podría empezar mejor.

¡Besos!

sábado, 29 de noviembre de 2014

100 razones por las que vivir


1. Parar a escuchar el ruido de las olas.

2. Las verbenas de pueblo.

3. Aprender de memoria las canciones de Sabina.

4. Estar leyendo a Gavalda y que mencione la canción perfecta en el momento justo. Sobre todo en ese final de La sal de la vida.

5. Escuchar a Maya hablar sobre el vino en Entre Copas.



6. Pasear por Donosti cuando llueve.

7. Hacer una maratón de La guerra de las Galaxias. O de El seños de los anillos. O de X-Men.

8. Tener un flechazo con el perfume de tu vida.

9. Michael Fassbender.



10. Ver un atardecer tumbada en una hamaca. De hecho, ver un atardecer.

11. Escuchar a una pianista tocar en directo Love Theme de Cinema Paradiso. O escucharlo en cualquier momento en casa.



12. Asistir a un club de lectura.

13. Darte el caprichazo de comprar algo caro. Muy caro. Pero muy bonito y muy deseado.

14. Cada escena de Friends.



15. El olor de la mimosa cuando florece antes que ninguna.

16. Estar en un concierto y enamorarte de una canción que no habías escuchado nunca.

17. Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate para morir.



18. Salir a tomar un café a las cinco de la tarde y llegar a casa a las cinco de la mañana.

19. Pasar toda la mañana desayunando.

20. Poner AC/DC a todo volumen y volverte loca delante del espejo.



21. Mirar las estrellas. Y ya ni te digo si alguien te cuenta sus historias.

22. Frank Sinatra y Betty Garrett cantando You’re awful.



23. Frank Sinatra cantando cualquier cosa. Sobre todo, Fly me to the moon. Pero The way you look tonight que sea de Tony Bennet.

24. Ir a algún pueblo de la USA profunda para ver luciérnagas voladoras entre maizales.

25. Brown Eyed Girl.



26. Balancearte en un columpio. Da igual la edad.

27. Las Gilmore.


28. Embadurnarte el cuerpo con una buena crema hidratante.

29. El olor del viento del norte cuando sopla por el Cantábrico.

30. El beso de Drive en el ascensor.



31. Ir a un karaoke con tus amigas del alma y cantarlo todo.

32. Las tormentas de verano.

33. Un gol en el último minuto que sirva para conseguir una victoria improbable.



34. Los murciélagos que aparecen en la ventana del Drácula de 1931.

35. Encender una vela que huela bien y pasar la tarde leyendo bajo una manta. O dos.

36. El final de Vacaciones en Roma y el inicio de Desayuno con Diamantes.



37. El saludo de un perro que te conoce.

38. El salmón del Atari, las anchoas del Txepetxa, la brocheta de gambas del Goiz Argi y el risotto del Borda Berri.

39. Hacer festivo un día cualquiera.

40. Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler. Sí, sigo con eso.

41. Restregarle a alguien tu optimismo por la cara.

42. Nina Simone echándole narices y versionando My Way.



43. Tú rincón en el mundo.

44. No Pirlo, no party.



45. Ganar una partida de mus reñida.

46. Los diálogos de Historias de Filadelfia.

47. Descubrir que las lentejas en ensalada con aguacate están deliciosas.

48. El principio de Amor en los tiempos del cólera. En realidad, todo el libro.



49. Ir a freír un huevo y que tenga dos yemas.

50. Disfrazarte en Carnaval.

51. La parte contratante de la primera parte.



52. El pueblo pardo de El bosque animado.

53. Calentarte a la orilla de una chimenea.

54. Nobody puts baby in a corner.



55. El optimismo escondido de Jane Eyre.

56. Ir a una boda con un tocado más grande que tu cabeza.

57. Saciar las ansias de chocolate.

58. El secreto de sus ojos.

59. El buen café. El malo se puede utilizar para regar las plantas.



60. Palomitas recién hechas.

61. Pixar.

62. Y Disney.

63. Atreverte a tocar un bicho-bola.

64. Jack Lemmon y Shirley MacLaine en El Apartamento.



65. Creer en el amor a primera risa.

66. El rojo perfecto en los labios.

67. Dragoi Bola, así, en euskera.

68. Estar a la sombra cuando el sol aprieta.



69. Expiación de Ian McEwan.

70. Cortarte la coleta. Tú misma.

71. La Habanera de Carmen. Y la de Xabier Lete.



72. La condesa viuda de Grantham.

73. Echar la siesta con Roy Orbison de fondo.

74. Llenar la casa de plantas.



75. Rust Cohle.

76. Domingos de película y manta.

77. La luna.

78. Meryl Streep cantando The winner takes it all.



79. Bailar con tus amigas una canción con la misma coreografía que lleváis bailando más de diez años.

80. Poder ser la oveja negra de un rebaño ajeno.

81. Encontrar a tu media langosta.

82. Cada una de las fotos que quedaron de Steve McQueen.



83. Supercalifragilisticoespialidoso.

84. La primera noche con sábanas limpias.

85. You can’t buy happiness but you can buy books and that’s kind of the same thing. (No puedes comprar la felicidad pero puedes comprar libros que viene a ser un poco lo mismo.)

86. Seguir buscando las botas con brillantina perfectas.



87. Estar en la playa a las diez de la mañana. O a las ocho de la noche.

88. Ponerte una falta de tul.



89. Lo que fue capaz de escribir Irène Némirovsky en un cuaderno con letra minúscula antes de que la llevaran a Auswitch y que publicaron en 2004.

90. Hibernar.

91. Al Pacino en Esencia de Mujer.



92. Escuchar Leonard Cohen cuando llueve.

93. Hacer muchos kilómetros para visitar a un amigo. O no tener que hacer ninguno.

94. Emocionarte con La casa de las dagas voladoras.

95. El tacto de un buen bolso de cuero.



96. La casa de Asterión de Borges.

97. Ver las mismas películas cada Navidad: Mientras Dormías, El diario de Bridget Jones, La joya de la Corona, Love Actually y Solo en Casa.

98. El novio de la madre de Bridget Jones.

99. Vivir unos días en una casa de madera encima de un árbol.



100. Susurros al oído.




P.D.: Este post está inspirado en aquellos que se escribieron en Jot Down bajo un título parecido, en el post que escribió Marta sobre '50 cosas que le gustan' en su blog In fashion with you, y por supuesto, es esa maravillosa canción de Sabina llamada Más de cien mentiras