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domingo, 10 de diciembre de 2017

La lección que nos está dando OT

Empecé sin ninguna intención. Vimos la repetición de la Gala0 con cierta curiosidad, nostalgia y la sensación de que estábamos viendo algo que no nos correspondía, que esta edición de Operación Triunfo ya no era para nosotras, porque nosotras ya habíamos tenido nuestra edición y ahora ya estábamos mayores.

Luego hubo una canción que quise ver en la Gala1, Los Ronaldos molándolo todo en la voz de dos concursantes que lo hacían bastante bien, pero el apoteosis llegó en la Gala3: City of Stars. La La Land, mi gran obsesión de este 2017 saltaba a la palestra una vez más. Empecé a cotillear los ensayos y ¿qué era ésto? ¿iban a tocar el piano ellos mismos? Y qué bien lo hicieron además. Ahí ya me aprendí bien los nombres de Amaia y Alfred, y también los de Aitana y Cepeda, y cuanto más veía, más nombres me aprendía y más quería seguir viendo. 

Llegaron también las clases de los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, la pareja de moda por Paquita Salas y La Llamada, y gracias a ellos y a otra concursante, Marina, hubo una master class espectacular sobre orientación y género sexual que se debería emitir en todos los colegios. Aunque el mayor hito fue cuando la propia Marina, declarada bisexual, se dio un simple beso con su novio trans en plena prime time de la televisión pública. Cómete esa, Hazte Oír. 

Los Javis ilustrados por Pablo Bianco

Mientras, Alfred seguía paseándose por la academia con una camiseta que ponía feminist y pedía que hiciéramos donaciones a una ONG que ayuda a los refugiados porque el Gobierno Español apenas ha llegado a acoger al 11% de lo pactado. Amaia, seguía tocando el piano y la guitarra a todas horas, demostrando una cultura, un gusto y una sabiduría musical para enmarcar en una chica de 18 años. Salió también Ana Guerra, leyéndole la cartilla a Cepeda por escandalizarse al tener que besar a un chico y dedicando su canción (himno para estas alturas) La Bikina, a todas las supervivientes de la violencia de género. Nerea hablando del problema que tiene con su dentadura y de cómo superó su complejo con una madurez pasmosa. Y otra vez Alfred, respondiendo con naturalidad a la pregunta de Ana Guerra de si le gustaría que una mujer levantara el brazo y tuviera pelo en el sobaco: "A mí me gusta lo que me gusta, me gusta la mujer en sí. Si es una persona bella, es una persona bella. Si te gustan las mujeres y no te gusta el pelo, tienes un problema, porque las mujeres tienen pelo."

Y así, me he ido enganchando semana tras semana un poco más a estos chavales. Hasta el punto de que sigo el 24h en mis ratos libres, me he bajado la aplicación para votar y hace varias semanas que alardeo a los cuatro vientos mi fanatismo. He llegado a tal punto, que el otro día a los de mi club de lectura les recomendé que lo vieran mientras que todos me miraban con cara de pero ésta qué se ha fumado. 

Supongo que la educadora que guardé dentro de mí es la que se da cuenta lo valioso que es que haya una generación de adolescentes que tenga a estos triunfitos como referentes. Cuántas chicas habrá que verán gracias a Alfred, que el chico que les gusta no tiene derecho de ser un gilipollas con ellas. Me parecería maravilloso aunque sólo fuera una la que manda a paseo a algún impresentable. Que vean que los chicos a los que idolatran, han estudiado y trabajado mucho para cumplir sus sueños. Que aunque en su entorno escuchen comentarios negativos, es lo más normal del mundo besarte con quien te dé la gana sin que te lo impida su aspecto o lo que lleva entre las piernas. 

Toda esta cultura en la televisión de hoy en día es una joya. 

Por lo que larga vida a Amaia Primera de España y quinta de Alemania y a todos sus compañeros. 

Fan total de esta ilustración de Pablo Bianco


P.D.: Y Roi, que yo soy muy fan de Roi y de su sapoconcho. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Volviendo a nuestro bar

No fue el primer bar al que empezamos a ir. ¿Tendríamos unos 20 años cuando nos asentamos en aquella esquina con vistas a la calle? Algo así.

Y allí pasaron nuestros viernes y nuestros sábados, con la teoría de para qué íbamos a ir a otro bar si por aquel ya pasaba todo aquel que quisiéramos ver. A veces más apretadas, otras haciéndonos dueñas de la pista, siempre pidiendo las mismas canciones con insistencia. Desde La chica ye ye que bailábamos en círculo alborotándonos el pelo, a cualquiera de aquel magnífico primer disco de Estopa que era la BSO de nuestros viajes por carretera, pasando por la ipurdiko pelotilla de Gozategi al Zorionak de Kaxiano que nos hacía arrejuntarnos al rededor de la cumpleañera estuviéramos donde estuviéramos como si de una llamada a la manada se tratase.

Vivimos las noches de karaoke, pasamos la escoba una vez que la persiana estuviera medio bajada y las luces encendidas y hasta diría que más de un matrimonio se cuajó allí mientras Nauzi (jefe en euskera) nos vigilaba detrás de la barra. Entre aquellas cuatro paredes, éramos las reinas del mundo. 

Empezaron a pasar los años y nuestras visitas fueron espaciándose en el tiempo. Trabajos, niñas, años... parece que llega un punto en el que todo pesa para que se alineen los astros. A veces, por nostalgia, he solido volver con otra gente, miento, he solido llevar a otra gente para ver si llegaba a sentir lo mismo, y no. 


Pero el otro día pasó, Saturno con Neptuno, Urano y Plutón (que al final, el pobre ¿es o no es planeta?). O mejor dicho, tuvimos boda de una de las nuestras y la celebración era demasiado cerca para no sentir la llamada. Durante el día no hablamos demasiado del tema, no fuera que nuestras expectativas no se fueran a cumplir. Además, sinceramente, lo estábamos pasando demasiado bien para acordarnos de ello. 

Una vez bien entrada la noche, después de haber estado un buen rato hablando con una jerezana encantadora sobre política y casi haber terminado en lágrimas emocionadas por lo bonito que era eso de entendernos hablando (con unos gin tonics encima habrá que poner también a aquellos que parecen no saber hacerlo), entré a la discoteca y el padre de la novia me soltó las palabras mágicas: Tus amigas han ido al Belfast

Y allí que me fui, sin poder evitar la sonrisa mientras me adentraba por las calles de la parte vieja. Al llegar, justo me encontré con uno de esos a los que tienes que escuchar por educación, hasta que X asomó la cabeza por la puerta y me gritó un "Maddalen, ¡estamos aquí!" que en cuanto me acerqué se convirtió en un "¿De buena te he librado, eh?". Y así entré, con la sensación de que estar dando la vuelta de la victoria con tocado floral en la cabeza incluido. X contándome que I había llegado soltando un "¡Nauzi! ¡Ponnos todas! ¡Una detrás de otra!" y que al poco ya estaba sonando todo el repertorio de Estopa. Me acerqué a la barra mientras veía que Z también andaba por allí a pedir lo siguiente que intentaría beber cuando Nauzi me soltó un "¿y tú dónde andabas?" "En el Gu..." "Pero qué hacías en el Gu..." y cómo explicarle con el ruido que había que yo tampoco lo tenía muy claro qué hacía sin estar allí, que aquél era mi sitio.

Por un rato, no recuerdo exactamente cuánto fue porque no duró mucho, volvimos a ser las dueñas de nuestro bar. Y aunque no estábamos todas, sentíamos que lo estábamos disfrutando también por las que faltaban, para que estuvieran orgullosas de nosotras. 

Espero que el futuro nos tenga guardado alguna que otra noche como aquella. Tampoco le pido mucho, sólo alguna que otra que llegue de improvisto para grabarse en nuestras memorias. 

Guregatik, nexkak.


P.D.: El post estaba escrito desde hace unos días y justo cuando iba a ver la luz, se ha ido uno de esos grandes hombres que han pasado la vida detrás de la barra haciendo de sus bares templos de peregrinación y alegrando el día a día a todo aquel que entraba. Que sirva este post como homenaje a él y tantos otros. 

domingo, 10 de septiembre de 2017

El otoño no se me escapa

Creía que había sido cosa mía. Creía que al no haberme cogido vacaciones (me iré cuando los demás ya os hayáis olvidado de ellas), tenía esta sensación de no haber tenido verano. Que aunque durante los meses pasados no me había pesado seguir trabajando, al llegar septiembre tenía una especie de gaupasa anual. Porque septiembre siempre es un chute de energía, un despertar, y a mí me llegaba sin haber desconectado del todo.

Pero parece que no, parece que en Donosti el verano ha sido aquel día del que ya no nos acordamos, un día en el que hizo sol, fuimos a la playa y nos quedamos hasta que vimos atardecer mientras bebíamos unas cervezas. No sé, no lo recuerdo bien. Al menos casi cada noche he podido dormir con la ventana abierta de par en par y eso no me lo quita nadie.

Miro por la ventana y veo rodar la primera hoja seca. Esto ya no tiene vuelta atrás. Hayamos tenido verano o no, toca mirar hacia adelante y encontrarle cierto gusto a esto de que los días sean cada vez más cortos y más oscuros.


Y para que los meses que vienen me cundan más que los tres anteriores, pienso hacer muchas cosas. Pienso perfeccionar mi nueva receta de bizcocho con jengibre y canela, pienso ponerme las pilas con eso del batch cooking y cocinar más y más variado. Pienso empezar Game of Thrones desde el principio, porque lo reconozco, me pasé la primera temporada entera sin saber muy bien quién era quién y por qué no decirlo, echo de menos a Khal Drogo. También tengo pendiente seguir con Six feet under y Parks and recreation, empezar con The Wire y descubrir alguna otra serie tipo Younger, que sin duda ha sido el descubrimiento del verano y me la he ventilado dos veces en menos de un mes. También he vuelto a por Grace & Frankie y no me daba cuenta cuánto las echaba de menos hasta que las he vuelto a tener delante. Pienso leer todo lo que no he leído en verano, porque sí, soy una de esas raras personas que lee mucho más en invierno. Me están esperando Hijos del ancho mundo de Abraham Verguese, Tan fuerte, tan cerca de Jonathan Safran Foer y Detrás del hielo de Marcos Ordoñez entre otros, aunque el 25 de septiembre se parará mi mundo porque publican lo nuevo de Nickolas Butler. Pienso tejer, o hacer punto de cruz, como hacía hace algunos años. También tengo una tela de terciopelo dorado por ahí para confeccionarme un clutch muy al estilo Acne. Me escaparé al campo más a menudo, que este año no se me escapen ni los colores ni los olores. Y cada dos o tres días, mascarilla y acondicionador porque este invierno voy a tener pelazo.

Por ahora ya he cambiado de perfume, porque pocas satisfacciones tan grandes como volver a esos aromas que te abrigan como una bufanda más.

Suena Song for Zula de Phosphorescent, la versión en directo en la iglesia St. Pancras, no sé qué tienen las teclas de ese piano que me mueven por dentro. Sus acordes son el pistoletazo de salida perfecto porque siempre he pensado que esa canción me recordaba a otoño y ahora, ya lo es. Qué sabrá el calendario.

Hazte un bizcocho, enciende una vela, ponte debajo de una manta, coge ese libro que tienes pendiente y disfruta. Que las hojas vayan cayendo ya si eso.


lunes, 11 de enero de 2016

Un altar mirando al mar

No sé cuando fue, puede que cuando cumplí los 20, mi tío me regaló una recopilación de CDs grabados. Le había pedido a un compañero de trabajo muy melómano que me grabara lo que para él eran ¿10? de los mejores discos de la historia. Allí estaban el primero de The Doors, alguno de The Smiths, el Hightway to Hell de AC/DC, el Thriller de Michael Jackson, algún otro que no recuerdo y The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders of Mars de David Bowie. ¿Hasta entonces sabía quienes eran David, Jim, Michael y cía? Sí, por supuesto, pero no lo había escuchado. O al menos no conscientemente. Y allí, entre las cuatro paredes de mi habitación y con la compañía de uno de esos reproductores que ahora cogen polvo en las casas, yo descubrí la música. Igual que cuando no entiendes de vinos pero sabes cuando estás bebiendo uno bueno, a mí se me iluminaron las ideas entre esos grandes.

Cada mañana, una vez duchada, me metía en mi habitación para acicalarme, elegía uno de esos CDs y le daba al play. Primero las vergüenzas: nunca le encontré la gracia a The Smiths. Pero por el contrarío, Jim Morrison y David Bowie se volvieron una especie de Dioses del Olimpo a los que adorar. Puede que acompañados por Sabina y Cohen, Van Morrison y los Creedence llegaron unos años más tarde.

Una vez mi hermana, nueve años menos que yo, me dijo que yo tenía la culpa de ese guayismo musical que la acompaña, ya que mientras sus compañeras de clase escuchaban Tokio Hotel, ella suspiraba por lo acordes que salían de detrás de mi puerta.

Y así pasaron los años, conmigo volviendo a esos discos una y otra vez, adquiriendo la manía de escuchar discos completos y valorando lo difícil que es hacer discos con tantas buenas canciones.

Hasta ¿abril? del año pasado, cuando ya teníamos entre manos el proyecto de nuestra querida perfumería y tocaba poner nombre. Eva y yo, con la ayuda de su chico Iván, en un constante brainstorming vía whatsapp soltando todo aquello que se nos ocurría. No os quiero asustar pero la primera perfumista mujer se llamaba Tapputi y gracias a que no nos pareció el momento de ensalzar nuestro feminismo ahora no trabajamos todos los días en algo llamado Tapputi's Lab.

Me desperté un domingo y mientras desayunaba me llegó otro mensaje de Eva: ¿Qué te parece Hunky Dory Laboratory? Hunky Dory es uno de los discos de Bowie. Sonreí, puede que hasta salté, porque se me alinearon las neuronas para decirme que sí, que aquel era el nombre, que era justo lo que estábamos buscando. Hunky Dory Laboratory, Hunky Dory, nuestro pequeño homenaje a Bowie, un nombre que puede que alguien le costara aprender en un principio pero que era muy nosotras, muy sonriente, una declaración de intenciones de querer hacer una perfumería diferente, más desenfadada, con un guiño diminutivo hacia El tocador de Dorothy y en definitiva, el nombre per-fec-to.

Supongo que estos meses nos hemos vuelto aún más fanáticas, sobra decir que lo tenemos colgado en la pared y que es uno de los habituales en el hilo musical.

Hoy cuando ha tocado el despertador, le iba a dar a cinco minutos más cuando he visto un WhatsApp de mi prima: Se ha muerto Bowie. Se me ha esfumado todo el sueño, he empezado a cantar Space Oddity con algo de moquera (Grown control to Major Tom...) y mientras, me han empezado a llegar mensajes de condolencia. ¿Lo oyes, David? Como si fuera de tu familia o algo. Qué honor.

Pero sí, ha sido un día triste, nos hemos quedado algo huérfanas en esa esquina nuestra que mira al mar de reojo. Entre canción y canción, nos hemos ido desahogando, como en un velatorio a distancia, acabando casi con el papel de cocina que utilizamos para limpiar los cristales. En un momento a la tarde, cansada ya de estar todo el día con ese nudo en la garganta, he quitado la música y me he quedado en silencio. Hoy no era día para que sonara nada más.

Ahora, una vez ido, seguro que se valorará aún más lo que hizo. ¿Sabíais que Ziggy Stardust lo lanzó con 25 años y ya era su 5º disco? En fin, que ningún homenaje será suficiente.

Aquí siempre tendrá un altar mirando al mar.


domingo, 10 de enero de 2016

Baila para mí, Johnny

Estás viendo una película, de repente suena una canción y tú piensas quién habrá sido esa mente brillante que decidió que sonaría esa melodía en ese momento justo. A veces me preguntaré si no valoro más esos momentos musicales que los metrajes en sí. ¿Me gustaría tanto Pequeñas mentiras sin importancia si no tuviera ese plantel de canciones? Seguramente no. Porque no me emocionaría con el Fistful of Love de Antony and the Johnsons ni lloraría cuando Nina Simone versiona My Way. De la misma manera que siempre me parece juego sucio utilizar canciones de Bowie en las películas. Una película siempre parece mejor cuando está sonando Bowie.

El otro día en la tienda, pusimos la banda sonora de Dirty Dancing y a cada canción, comentábamos cuál era el momento exacto en el que suena. Como para olvidar qué baila Patrick Swayze en cada momento. En esa película no sé si son las canciones las que revalorizan los momentos o los momentos los que hacen que las canciones se nos graben en la mente. Por eso hoy, cuando estaba viendo Operación U.N.C.L.E. y ha empezado a sonar cierta canción en el momento que la maravillosa Alicia Vikander se ha puesto a hacer travesuras para rabiar un poco al serio Armie Hammer, mi mente ha volado hasta el torso de Johnny Castle, he vuelto a sentir envidia de Baby y he visto a Vikander y Hammer destilando sensualidad por todos los costados.

Porque quién necesita You can leave your hat on cuando tiene Cry to me.




Feliz semana.

viernes, 10 de abril de 2015

Canciones que unen

Mi vida está cambiando a pasos agigantados. Si a principios de año, alguien me hubiera dicho que ahora estaría donde estoy, me habría parecido ciencia ficción. Pero la vida te da oportunidades que hay que cazar al vuelo, porque tarde o temprano esas oportunidades siempre llegan y estoy en ese momento de pensar que todo pasa por algo.

Lo más bonito de todo es que en este nuevo camino que he emprendido no voy sola, tengo una socia, la mejor que podría tener. Juntas formamos un tándem no sé si perfecto, pero al menos sí de esos de los que da gusto ser parte: porque trabajamos bien juntas y porque no hay día que no nos riamos a carcajada limpia. 

Estaba ahora en casa y me ha venido a la mente la primera vez que nos paramos a hablar por la calle. No sé si ella se acordará pero sería hace algo más de cinco años, lo sé porque estaba embarazada y de hecho me paré para preguntarle qué tal estaba. Tampoco teníamos confianza para mucho más. Recuerdo, que de aquellas cuatro palabras que cruzamos, dos fueron referente al músico que estaba tocado el Why Worry de Dire Streets. "Qué temón", dijimos al unísono. 


Ayer, con todo lo que ha llovido desde entonces, nos cruzamos con otro músico tocando en la calle y como si fuera una especie de señal, entonaba un tema que significa mucho en nuestro futuro proyecto. 


Al menos sabemos que en nuestra vida en común no faltará buena música.  


¡Besos!



P.D.: Y si queréis más...

...de cuando decidí cuál sería mi canción si metiera gol.
...de cuando hablé sobre pasear por la Concha bajo la lluvia.
...de cuando escribí mis 100 razones para vivir

sábado, 29 de noviembre de 2014

100 razones por las que vivir


1. Parar a escuchar el ruido de las olas.

2. Las verbenas de pueblo.

3. Aprender de memoria las canciones de Sabina.

4. Estar leyendo a Gavalda y que mencione la canción perfecta en el momento justo. Sobre todo en ese final de La sal de la vida.

5. Escuchar a Maya hablar sobre el vino en Entre Copas.



6. Pasear por Donosti cuando llueve.

7. Hacer una maratón de La guerra de las Galaxias. O de El seños de los anillos. O de X-Men.

8. Tener un flechazo con el perfume de tu vida.

9. Michael Fassbender.



10. Ver un atardecer tumbada en una hamaca. De hecho, ver un atardecer.

11. Escuchar a una pianista tocar en directo Love Theme de Cinema Paradiso. O escucharlo en cualquier momento en casa.



12. Asistir a un club de lectura.

13. Darte el caprichazo de comprar algo caro. Muy caro. Pero muy bonito y muy deseado.

14. Cada escena de Friends.



15. El olor de la mimosa cuando florece antes que ninguna.

16. Estar en un concierto y enamorarte de una canción que no habías escuchado nunca.

17. Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate para morir.



18. Salir a tomar un café a las cinco de la tarde y llegar a casa a las cinco de la mañana.

19. Pasar toda la mañana desayunando.

20. Poner AC/DC a todo volumen y volverte loca delante del espejo.



21. Mirar las estrellas. Y ya ni te digo si alguien te cuenta sus historias.

22. Frank Sinatra y Betty Garrett cantando You’re awful.



23. Frank Sinatra cantando cualquier cosa. Sobre todo, Fly me to the moon. Pero The way you look tonight que sea de Tony Bennet.

24. Ir a algún pueblo de la USA profunda para ver luciérnagas voladoras entre maizales.

25. Brown Eyed Girl.



26. Balancearte en un columpio. Da igual la edad.

27. Las Gilmore.


28. Embadurnarte el cuerpo con una buena crema hidratante.

29. El olor del viento del norte cuando sopla por el Cantábrico.

30. El beso de Drive en el ascensor.



31. Ir a un karaoke con tus amigas del alma y cantarlo todo.

32. Las tormentas de verano.

33. Un gol en el último minuto que sirva para conseguir una victoria improbable.



34. Los murciélagos que aparecen en la ventana del Drácula de 1931.

35. Encender una vela que huela bien y pasar la tarde leyendo bajo una manta. O dos.

36. El final de Vacaciones en Roma y el inicio de Desayuno con Diamantes.



37. El saludo de un perro que te conoce.

38. El salmón del Atari, las anchoas del Txepetxa, la brocheta de gambas del Goiz Argi y el risotto del Borda Berri.

39. Hacer festivo un día cualquiera.

40. Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler. Sí, sigo con eso.

41. Restregarle a alguien tu optimismo por la cara.

42. Nina Simone echándole narices y versionando My Way.



43. Tú rincón en el mundo.

44. No Pirlo, no party.



45. Ganar una partida de mus reñida.

46. Los diálogos de Historias de Filadelfia.

47. Descubrir que las lentejas en ensalada con aguacate están deliciosas.

48. El principio de Amor en los tiempos del cólera. En realidad, todo el libro.



49. Ir a freír un huevo y que tenga dos yemas.

50. Disfrazarte en Carnaval.

51. La parte contratante de la primera parte.



52. El pueblo pardo de El bosque animado.

53. Calentarte a la orilla de una chimenea.

54. Nobody puts baby in a corner.



55. El optimismo escondido de Jane Eyre.

56. Ir a una boda con un tocado más grande que tu cabeza.

57. Saciar las ansias de chocolate.

58. El secreto de sus ojos.

59. El buen café. El malo se puede utilizar para regar las plantas.



60. Palomitas recién hechas.

61. Pixar.

62. Y Disney.

63. Atreverte a tocar un bicho-bola.

64. Jack Lemmon y Shirley MacLaine en El Apartamento.



65. Creer en el amor a primera risa.

66. El rojo perfecto en los labios.

67. Dragoi Bola, así, en euskera.

68. Estar a la sombra cuando el sol aprieta.



69. Expiación de Ian McEwan.

70. Cortarte la coleta. Tú misma.

71. La Habanera de Carmen. Y la de Xabier Lete.



72. La condesa viuda de Grantham.

73. Echar la siesta con Roy Orbison de fondo.

74. Llenar la casa de plantas.



75. Rust Cohle.

76. Domingos de película y manta.

77. La luna.

78. Meryl Streep cantando The winner takes it all.



79. Bailar con tus amigas una canción con la misma coreografía que lleváis bailando más de diez años.

80. Poder ser la oveja negra de un rebaño ajeno.

81. Encontrar a tu media langosta.

82. Cada una de las fotos que quedaron de Steve McQueen.



83. Supercalifragilisticoespialidoso.

84. La primera noche con sábanas limpias.

85. You can’t buy happiness but you can buy books and that’s kind of the same thing. (No puedes comprar la felicidad pero puedes comprar libros que viene a ser un poco lo mismo.)

86. Seguir buscando las botas con brillantina perfectas.



87. Estar en la playa a las diez de la mañana. O a las ocho de la noche.

88. Ponerte una falta de tul.



89. Lo que fue capaz de escribir Irène Némirovsky en un cuaderno con letra minúscula antes de que la llevaran a Auswitch y que publicaron en 2004.

90. Hibernar.

91. Al Pacino en Esencia de Mujer.



92. Escuchar Leonard Cohen cuando llueve.

93. Hacer muchos kilómetros para visitar a un amigo. O no tener que hacer ninguno.

94. Emocionarte con La casa de las dagas voladoras.

95. El tacto de un buen bolso de cuero.



96. La casa de Asterión de Borges.

97. Ver las mismas películas cada Navidad: Mientras Dormías, El diario de Bridget Jones, La joya de la Corona, Love Actually y Solo en Casa.

98. El novio de la madre de Bridget Jones.

99. Vivir unos días en una casa de madera encima de un árbol.



100. Susurros al oído.




P.D.: Este post está inspirado en aquellos que se escribieron en Jot Down bajo un título parecido, en el post que escribió Marta sobre '50 cosas que le gustan' en su blog In fashion with you, y por supuesto, es esa maravillosa canción de Sabina llamada Más de cien mentiras

lunes, 3 de noviembre de 2014

Que me coman a versos

Dentro de un par de semanas, me cojo un tren y me voy a Madrid. Allí me esperan amigos varios (qué ganas), la presentación del libro El mercado está fatal de mi querida Alena (sale a la venta este jueves y yo aparezco por ahí hablando sobre amores de verano) y alguna sorpresa que estamos intentando preparar.

La agenda estará abierta. Esta vez no me apetece ni visitar museos ni ir de compras. Esta vez quiero tomarme todos los cafés del mundo rodeada por esa gente que la mayor parte del año tengo al otro lado de la pantalla. Dar abrazos, escuchar sus risas y fijarme en cada gesto que hagan.

Madrid sería un escenario aleatorio si no fuera por esa preciosa iniciativa que andaré buscando por sus pasos de cebra como quien busca a Wally.






No sé si habrá sido un mero acto publicitario para promocionar la última canción de Leiva, pero yo quiero pensar que hay algo más detrás. Unas ganas de sacar sonrisas, de alegrar el día a la gente con una simple frase bonita.



Besos y feliz lunes.

jueves, 9 de octubre de 2014

Pensamientos antes de medianoche

A veces pienso que debería de escribir sobre cosas más profundas. Tanto perfume y tanto bolso parece que me atrofia el cerebro y que me da pereza hasta opinar. Siempre he tenido la idea de que una tiene que opinar cuando le preguntan por algo y estar callada mientras esto no ocurra.

Me considero una cabeza bastante bien amueblada, pero aquí estoy, escribiendo sin rumbo sólo por el mero placer de ver lo que va surgiendo, mientras en mi cabeza ronda la idea de que no tengo las suficientes camisetas marineras en el armario. Una idea que me obsesiona últimamente. Ahora que no estudio, que digamos que fuerzo menos la máquina, el cuerpo (o la cabeza) me está empezando a pedir caña. No sé si leer a Dickens en inglés o comprar un librillo de Sudokus diabólicos.

Mañana voy a un recital de poesía, a ver qué me cuentan. Cuando los días se parecen tanto entre ellos, nunca está de más probar cosas nuevas. También estoy leyendo La náusea, aunque no estoy segura de que lo estoy entendiendo del todo. Dice mi hermana que es su libro favorito, pero no sé si fiarme, la pobre nos ha salido un poco rarita. O wannabe de rarita que es aún peor. De vez en cuando consigo que se salte su estricta dieta de documentales rumanos y películas francesas (la Nouvelle Vague no, otra corriente alternativa que mola mil veces más) con alguna recomendación (nadie puede decir que entiende de cine sin haber visto Con Air o La Roca) y disfruta más que un niño de ocho años en una merendola. Si es que esta vida todo es cuestión de ir compensando.

En fin, que habrá que ir pensando qué me pongo mañana para culturizarme. Os dejó con Mr. E, con la excusa del libro, está siendo la banda sonora de estos días. Estoy por llamarle a Linklater, por lo menos que esta vida cotidiana sirva para hacer una película.





Besos!

lunes, 1 de septiembre de 2014

Estreses veraniegos literarios

Ay qué estrés de lecturas llevo este verano...

Estos meses se podrían resumir en una frase que soltó mi amiga X cuando yo estaba dando el coñazo un poco mientras todos los demás estaban entretenidos en sus lecturas: "A Maia lo que le pasa es que no está enganchada a su libro...".

Y así me pillo, con esa verdad como un puño, cuando normalmente suele ser al revés y suelo ser yo la que no levanta la cabeza de entre las páginas. Pero este año... me ha faltado eso. Esa ansia. Porque he seguido leyendo aunque con un placer mucho más pausado, a veces hasta por inercia, y muchas veces me ha tocado sentir envidia de lo que estaban disfrutando los demás.

Creo que Proyecto esposa es el único que leí del tirón, totalmente recomendable como lectura liviana, y eso fue en junio o algo así. Desde entonces he andado pululando entre libros buenísimos sin asentarme del todo en ninguno de ellos. Bella del Señor es una auténtica maravilla (gracias por presentarnos Miss Piquer) pero por algunos asuntos personales me amargaba demasiado su lectura y la he pospuesto hasta que mi salud mental esté un poco más asentada. La hoguera de las vanidades también, muy bien escrita pero voy por la mitad y aunque me da pena dejarlo siempre encuentro alguna otra cosa que me apetezca más. Con Una y otra vez no he llegado a esa quinta parte que tengo por ley antes de dejar un libro y las buenas críticas que tiene por ahí hace que me plantee a ver si voy a ser un bicho raro, pero es que por ahora no le encuentro gracia por ningún lado. ¿Tampoco será su momento? Yo ya no sé qué pensar. Plomo en los bolsillos sí me está encantado, es un libro precioso hasta si como yo lo más interesante del Tour te parezcan las siestas que te puedes echar con sus etapas de fondo. Ander Izagirre está consiguiendo que le idolatre hasta límites insospechados. Un día de estos me lo voy a cruzar por Donosti y me va a hacer más ilusión que si Fassbender me tocara el timbre de casa. Pero al contrario de los demás títulos voy despacio porque el cuerpo me pide disfrutar de cada historia que Izagirre me cuenta.


Y así llegué al fin de semana, con la frase de X retumbando en mi cabeza y teniendo que elegir libro para el fin de semana que iba a pasar con las amigas tirada a la orilla de una piscina.

Sopesé llevar La hoguera de las vanidades o Plomo en los bolsillos, pero el primero me daba pereza y con el segundo me daba pena malgastar sus páginas sin toda la atención que se merecen, por lo que tiré la casa por la ventana y metí un quinto libro en la mochila: Saber perder de David Trueba.

La elección fue totalmente acertada (la recomendación de Blanca también) porque las apenas 40 páginas que he leído entre partidas de mus, siestas a destiempo, perros ajenos y como siempre muchas risas, me ha atrapado por completo. Diría que junto a El amor en los tiempos del cólera, tiene uno de los inicios más bonitos que recuerdo. Os digo que me está gustando tanto, que esta vez el coñazo a mis amigos se lo di porque cada poco les leía trozos que me encantaban en alto. Con lo poco que voy no sé ni de qué va, pero os lo recomiendo.

Aunque como buena yonqui que soy, ya tengo nuevas necesidades fichadas y aunque hasta ahora los Blackie Books no habían conseguido atraparme del todo, he caído por partida doble.

Cosas que los nietos deberían saber es uno de esos libros que llevaba meses en la lista de espera sin encontrar su momento. Supongo que la nostalgia del otoño acechando ha hecho que la necesidad de leer lo escrito por Mark Olivier Everett (líder de Eels y una de mis voces favoritas) aumente de manera exponencial.


Las mismas necesidades me entraron cuando la semana pasada tuve entre manos Romanticidio. Lo encontré en uno de esos momentos que andaba mirando libros por mirar, porque os confesaré que yo a las librerías entro a relajarme, me hacen sentir bien, como si hubiera esperanza en cualquier problema que esté interfiriendo en mi paz interior, aunque realmente es un poco contraproducente en mi shopaholismo bibliotecario, pero a lo que iba, que me encontré con Romanticidio entre las manos y no sé ni cómo resistí a no comprarlo.


Derrocha esa ranciedad que a veces intento demostrar yo ante el amor, aunque luego todas caemos como moscas tontas y parece que la protagonista termina siendo más pastel que yo después de una maratón de los diarios (el de Bridget Jones y el de Noah especialmente), pero tiene pinta de que me va a hacer gracia.

En fin, a ver si en septiembre controlo mis gastos retomando mi libro de cuentas Kakebo (de Blackie Books también... estos me han pillado en un espiral de gastos-lecturas que no sé si voy a poder salir) porque los Blackie no tienen un precio como para comprarlos a lo loco.

Os mantendré informados.


Besos!


P.D.: Ya que el primer lunes del año suele ser durillo, aquí la voz de Mark Olivier para amansar un poco las fieras:




sábado, 26 de julio de 2014

Anoche con James Vincent

Soy un poco radical en cuestiones musicales. Con una simple canción, con escuchar un poco del timbre de voz... ya sé si el grupo/solista me gusta o no. Mi hermana me está echando siempre la bronca porque me pasa mil recomendaciones y a mí me gusta sólo uno de esos mil. Me dice que soy quisquillosa. Yo prefiero pensar que tengo unos gustos definidos. A ella parece que le gusta todo. Hasta esos grupos que aún no existen pero ella ya conoce.

Por cierto, que el otro día le ofrecí a mi hermana este blog para escribir sobre música y aceptó encantada. Pero no os hagáis ilusiones que la pobre es algo dispersa e igual ya se le ha olvidado.

Total, a lo que iba.

Cuando estuve escuchando los grupos que venían en el Jazzaldia (el Festival de Jazz de Donosti), en seguida declaré mi amor profundo a Vintage Trouble. A todos los demás grupos les encontré algo. O demasiado electrónicos o voces que no me transmitían demasiado. Pero en cuestiones musicales, el Jazzaldia tiene cierta magia que no encuentras en resto del año. Será la playa, los atardeceres, la gente... pero ocurren flechazos inesperados e igual que me pasó hace tres años con Crystal Fighters (aquí), ayer me tocó tragarme todo lo pensado sobre James Vincent McMorrow.

Ahora os voy a contar un secreto que va a hacer que ya no me veáis como la persona molona que creíais que era: me aburre Bon Iver. No lo puedo evitar, no me gusta, no me transmite nada. Bueno, algo sí, no me muero si lo escucho, pero no entiendo esa adoración que despierta, yo no puedo seguirle el rolló dos canciones seguidas. Y la primera vez que escuché a James Vincent McMorrow me recordó tanto a Bon Iver, que creo que aguanté 20 segundos escuchándolo. Pero ayer, en la playa, en directo, la cosa fue muy distinta.

El tío tiene una carisma vergonzosa que nos enamoró a todos. Se pegaba unos speeches contando lo encantado que estaba de cantar en un enclave así, nos doraba la píldora de tal manera que luego nos parecía maravilloso todo lo que cantara. No, pero en serio, el concierto fue precioso. De hecho, ahora que estoy escuchando sus canciones otra vez para elegir cuál voy a poner ilustrando este post, me parece que en directo ganaban muchísimo.

Pero lo mejor será que juzguéis vosotros mismos.




Besos!

miércoles, 9 de julio de 2014

Cosas que hacer este verano cuando no esté en la playa con mis amigas

Una maratón de películas con mi hermana.

Terminar de leer Nosotros, los ahogados, después de cuatro años estoy a punto (Lo he leído despacio porque es un libro del que hay que disfrutar cada frase)

Ver (por fin) El padrino III, no sé por qué me da tanta pereza...

Y ver El tercer hombre. Se me va a caducar el DVD.

Encontrar un día para peinarme así:



Inventar nuevas combinaciones con la ropa que tengo en casa.

Ver alguna serie tonta que durante el resto del año no tengo tiempo de ver. De hecho ya la he elegido: Infieles.

Ponerme a hacer pulseras de hilo, este año voy tarde.

Escuchar lo que viene al Jazzaldia para disfrutar el doble en los conciertos.



(Y más cosas que se me vayan ocurriendo)


Besos!

miércoles, 28 de mayo de 2014

Estos días



Estos días en los que me toca hacer el trabajo de fin de carrera simplemente están siendo tediosos. ¿Qué es eso de querer escribir y no poder no? Pues así casi todo el rato. Por suerte, parece que poco a poco (muy poco a poco) esto está empezando a coger forma y que empiezo a ver la luz al final del túnel. Exactamente del 16 al 26 de junio en los que no tendré otra cosa que hacer que disfrutar de la vida. Se dice fácil. El plan A puede ser Barcelona, si es que mi hermana me deja hacer de hermana... El plan B, Madrid. Ya se verá. Lo que ayer veía a la vuelta de la esquina hoy otra vez se ha alejado como si fuera un oasis imaginario. Ojalá una píldora para regular el optimismo.

Por suerte se vislumbran días geniales hasta llegar a ese ansiado 16 de junio. El primero de ellos este mismo viernes en el que voy a tener el placer de ser partícipe de la primera Liquid Experiences, un evento en el que uniremos los mejores vinos con los mejores perfumes para crear una experiencia única para todos los sentidos. Ansiosa estoy. Si vosotros también queréis asistir, aquí tenéis toda la información.

Y la semana siguiente, una boda y un concierto, más concretamente mi adorado Pájaro Sunrise llega a Donosti.



Besos!


P.D.: Sigo con la transformación de mi cuerpo con la ayuda de Centro Karmele. En breve os cuento más.

sábado, 26 de abril de 2014

Mis vacaciones desayunando

Se me acaban las vacaciones y yo sigo aquí. Ya no tengo días para huir lejos y perderme entre risas ajenas. Tendrá que ser en verano.

Pero yo sigo a lo mío, al menos idolatrando los desayunos acompañada de libros y música. Eso lo puedo hacer sin moverme de casa.



Además hoy al encender el ordenador para leer las últimas noticias, Spotify por fin me recomendaba algo como si realmente conociera mis gustos: una playlist llamada Café, libros en la que ya me he encontrado algunas joyas desconocidas que han hecho que mi sábado pinte de lo más delicado.

(¿Se nota mucho que no escucho la radio?


Y mientras estaba escribiendo estas líneas, las canciones seguían sonando de manera aleatoria, y de repente una de MIS canciones.



Definitivamente, parece que Spotify y yo nos empezamos a conocer mejor.

Os dejo que voy a estar ocupada aprovechando mis últimas horas sin hacer nada.


Besos!


lunes, 24 de marzo de 2014

Enjoy it, because is happening

La vida está para vivirla, para disfrutar de los pequeños. Porque si no entrenas tu mente para disfrutar de ellos, puede que un día te sorprenda un gran momento y no te de tiempo a disfrutarlo.

Puede, que un día te encuentres en el bar del Villa d'Este a la orilla de Lago Como tomando un negroni, cuando el pianista argentino que está tocando la música en directo toque tu canción favorita.



Y si ese preciso instante no lo disfrutas al máximo, te arrepentirás mientras lo recuerdes.

Por suerte, yo lo hice. Y ya es parte de mi historia.




Feliz lunes.



lunes, 17 de febrero de 2014

Música al fondo

Me encanta tener música de fondo cuando estoy haciendo otras cosas. Normalmente suelo estar buscando cosas nuevas cada poco, porque una vez que me aprendo las canciones no me sirven, me pongo a cantarlas y mi índice de productividad alcanza cotas mínimas.

Pero hace un par de semanas shazameando una canción de una película, descubrí a Joe Purdy y desde entonces apenas escucho nada más. Todas sus canciones son agradables y cálidas, me envuelven y me ayudan a crear justo la atmósfera que necesito para concentrarme.

Puede que también os pueda ayudar a vosotros.

Os presento al bueno de Joe:




También es una banda sonora perfecta para coger la semana por los cuernos.


Besos!

jueves, 14 de noviembre de 2013

Lights will guide you home



Últimamente estoy obsesionada por poner algo así en mi habitación:



No sé ni de dónde lo sacaría pero me encanta.

Y no hace más que traerme a la mente esa preciosa canción que Olivia cita en sus cerillas...




Y que es el hilo conductor de una de las mejores escenas que ha dado la televisión en los últimos años...


The Newsroom 1x04


Porque a Coldplay le tengo algo de manía pero con Fix You se me cae la baba.



Besos!

viernes, 28 de junio de 2013

I always knew

Soy bastante adicta a las series, lo reconozco. Casi todos los días veo alguna, o me gusta verla al menos. Durante el curso, puedo estar trabajando hasta las 22:00 pero la hora siguiente la dedico a algún capítulo pendiente. Mi lista de series que sigo en series.ly se está volviendo bastante infinita. Entre mis favoritas estarían, Juego de Tronos, True Blood, Homeland, The Newsroom, Scandal... y New Girl.


Hace un tiempo leí en Jot Down un artículo sobre la serie en el que el autor se lamentaba de que Zooey Deschanel no tuviera un personaje masculino a la altura, que ése era el fallo de la serie. Puede que sea percepciones de género, él era hombre y yo soy mujer, pero en mi caso lo que más me gustan son los tres personajes masculinos, que en mi opinión, dejan en un insulso lugar al personaje de Deschanel. Cuestión de gustos y fijaciones supongo.

Pero este post no era para recomendaros la serie, que también lo hago (y si al principio no os gusta tened un poco de paciencia, son ese tipo de personajes que hacen gracia cuando se les conoce), sino que os quería enseñar un descubrimiento que hice gracias a ella.

Creo que fue hace un mes más o menos cuando terminó la segunda temporada y la comenté con un amigo. Él en seguida me soltó algo así como "y la canción The Vaccines!", yo le respondí que ni siquiera me había fijado, que con los acontecimientos que tenía en la pantalla ni me percaté de la música que les acompañaba.

Y dada su emoción busqué la canción, la escuché. Luego busqué el vídeo en Youtube, lo vi y me pareció precioso.


Y escuché otra vez la canción, y vi otra vez el vídeo, y así, en bucle, llevo un mes.

Dree Hemingway sí que sabe en qué videoclips salir.



Besos!


domingo, 9 de junio de 2013

Hold Hands

Me ha entrado la vena pastelona al ver esta lista en Pinterest:



Y me he acordado del trozo de la película Nick and Norah's Infinite Playlist en el que hablan de cómo los Beatles dieron en el clavo: They just want to hold your hand



Primer single y el mensaje más simple y acertado posible.

Muchos años más tarde, en otra película que tiene su punto, apareció esta sentida versión. Que por muy sensiblera que sea, a mí me encanta:



A ver si para ya de una vez de llover y se nos va esta melancolía de encima.


Besos!

martes, 28 de mayo de 2013

Otras 500 millas

Lo bueno de seguir viendo series como Anatomía de Grey, a parte de alegrarnos la vista con doctores que sólo existen en un universo paralelo, es que cuando menos de lo esperas hacen que te acuerdes de una canción de adorabas en tu adolescencia y te la enseñan en una versión aún más preciosa además.




Estas 500 millas son aún más apetecibles de recorrer.



Besos!