lunes, 12 de enero de 2015

Mis Globos de Oro




No necesito ninguna foto más para enseñar lo que me gustó de los Globos de Oro de ayer: la maestra y sus mejores alumnas.

Esto del estilo es algo complicado de explicar. No sé si se tiene o no se tiene, si se aprende con el tiempo o si es suficiente con tener una buena estilista. No tiene que ser tan fácil para que pocas más que estas tres triunfaran ayer a la noche paseando por la alfombra roja. Visto lo visto, diría que el estilo tiene que ver con no conformarse con un vestido rándom, con atreverse a llevar algo que sabes que otra luciría peor que tú y con no tener miedo a destacar sin llamar la atención. Y lo suyo tiene hacerlo alfombra roja tras alfombra roja. Yo creo que ayer la Mirren se aguantaba la risa cuando veía llegar a las jovenzuelas con sus mejores galas.

Respecto a los premios, pues poco que decir. Que a mí Boyhood no me pareció para tanto, que en cambio El Gran Hotel Budapest me pareció maravillosa y que Cómo entrenar a tu dragón 2 es mucho mejor que casi todas las nominadas a no animación. Que el premio a Linklater lo veo más lógico por atreverse a contar historias como nadie lo había hecho hasta ahora. Que Eddie Redmayne me encanta pero que estoy algo aburrida con tanto premio por personaje histórico y que muero de ganas por que a Julianne Moore crear un personaje enfermo de alzheimer. Que el miércoles intentaré ir al cine para ver Birdman y que Big Eyes me sigue dando pereza a pesar del premio a Amy Adams (y a pesar de Christoph Waltz). Que habrá que ver si The Affair es para tanto y que a mí me cuesta diferenciar Ruth Wilson de Michelle Monaghan (y eso que Ruth es mi Jane Eyre favorita). Que puede que Fargo sea mejor serie que True Detective pero que es una de las mayores injusticias de la historia que un personaje como Rustin Cohle pase a la historia sin un premio de los gordos. Porque Rust no volverá y Rust es de lo mejorcito de todo el 2014.


Y en protesta personal por el no-premio a Matthew, voy a ver True Detective otra vez y voy a leer Galveston de Nic Pizzolatto antes de ver Fargo.


¡Besos!




Editado después de haber visto Birdman: Ya no me parece tan bien el Globo de Oro a Linklater, Iñárritu se lo merece mucho más. Y Emma Stone de secundaria está que se sale también, se lo daba todo a ella. De mayor quiero ser ella.

jueves, 8 de enero de 2015

Siguiente nivel: Empieza el juego

Desde que escribí aquel post sobre mi estilo, me he dado cuenta que ya no pierdo el tiempo en intentar innovar. He simplificado mis decisiones respecto a las compras y he dejado de lado todo aquello que si a mis casi-treinta no ha entrado ya en mi armario, no lo hará. Al menos por ahora. 

He aprendido a no mirar la bisutería y a dejar de seguir buscando el rojo perfecto de los labios. Ya lo tengo, y no uno, sino 5 rojos perfectos para diferentes ocasiones. He asentado mis básicos de maquillaje (a esto igual le tendría que escribir otro post) y ya no siento la necesidad de seguir experimentando con potingues varios. 

Una vez asentada la Fase1, digamos que ha llegado el momento para dar un paso más en mi afán de minimizar decisiones y simplificar armario y tocador. Que menos es más lo tenemos ya más que aprendido. Que una habitación ordenada, incluidos armario y tocador, ayuda a tener una mente equilibrada también. Por eso, el siguiente paso va a ser aprender a valorar lo que tengo y deshacerme de aquello que no necesito. 


Hace un tiempo empecé a pensar dos veces lo que quería comprar. Con los bolsos lo aprendí fácil, basta con comprar uno bueno para saber que ya no te vas a conformar con tener 20 de Misako y Blanco. Con la ropa me costó un poco más, sobre todo en la época de rebajas de Asos donde te encuentras vestidos que te gustan más o menos a precio de risa. Pero ya puedo decir que creo que estoy rehabilitada de todas esas compras-impulsivas-incitadas-por-chollos-imprevistos, y aunque no cantaremos victoria todavía, creo que ahora sólo compro cosas que me gustan mucho. Así que me he hecho con un fondo de armario con el que estoy muy contenta y toca explotar. 

¿Habéis oído hablar del proyecto Capsule Wardrobe? No sé quién lo habrá inventado, lo he leído en varios blogs entre los que se encuentra Unfancy que es quizás con la que más identificada me siento en el planteamiento, que no es otro que intentar huir de esa búsqueda constante de cosas nuevas que comprar y disfrutar de lo que ya tenemos. Al fin y al cabo, Capsule Wardrobe no es más que una manera que poner en números esa idea de valorar nuestro armario. 

He solido leer varias variantes, pero al fin y al cabo es elegir cierto número de prendas (36-37) y no salirse de ellas en toda una temporada. Algunas meten los bolsos dentro de ese número, otras no (yo no podría)... Para algunas la temporada dura 3 meses y para otras 6... A veces se da opción de comprar alguna prenda siempre y cuando retires otra, Unfancy por ejemplo sólo la opción de comprar las dos últimas semanas de la temporada mientras vas diseñando la nueva Capsule Wardrobe para la que viene... y así hasta mil variantes (aquí un ejemplo). Pero una idea en común: disfrutar y valorar la ropa que tenemos. 


Reconozco que a mí me ha dado cierta pereza ponerme a contar prendas, aunque cada vez me molestan más esas que no utilizo. Antes, solía desechar con pena aquellas que no utilizaba durante un par de años, ahora disfruto cada vez que lleno la bolsa de basura. Además me he vuelto tiquismiquis con las calidades de la ropa: No he comprado una chupa hasta que ha podido ser de cuero, me fijo en el porcentaje de lana que tienen los abrigos, tengo jerséis de polyester a los que les he cogido tirria... y sin mencionar el calzado y los bolsos. Pero luego el tiempo me da la razón, no todo envejece igual y ya estamos en una edad que lo que te gustaba un año, también lo hará al siguiente. 

A lo que iba, que me he apuntado a hacer un pseudo Capsule Wardrobe, sin contar las prendas pero teniendo que aguantar hasta el 5 de marzo sin comprar nada, 3 meses me daban cierto pánico. Ahora que pasan los días y no entro en Asos, veo que mi mundo sigue girando igual y que no por ello salgo a la calle menos guapa.  Lo gracioso es que tengo aún más ganas de deshacerme de todo aquello que no me apetece poner y quedarme sólo con lo que realmente me guste. Que digo gustar, adorar. 

Sólo me he permitido un pecado rebajil: un jersey de lana gris de Massimo Dutti Hombre que me ha estado esperando toda la temporada. 97% lana, 3% seda morera. A mitad de precio. 

Ahora, toca jugar con lo que tengo.

¡Besos!

sábado, 3 de enero de 2015

Libros que leí en 2014 que pasarán a mi historia

El año pasado leí bastante. Más que nunca diría yo. Y más que nunca la literatura fue una vía de escape para los problemas mundanos del día a día. Creo que las listas de lo mejor del año ya están todas hechas, pero entre que quería esperar hasta el último día del año por eso de ser equitativa y entre que luego se me han pasado los días volando... Aquí vengo, algo tardía pero igual de eficaz: Los libros que leí en 2014 que pasarán a mí historia.


El cuerpo humano de Paolo Giordano

Lo cierto es que me parece que fue otra vida cuando leí este libro, hace justo un año andaba a vueltas con él y lo terminé creo durante los últimos días de vacaciones. A mí Giordano me había ganado con La soledad de los números primos, con aquel gran párrafo sobre lo que estudió Mattia el primer año de la universidad, que se convirtió en uno de mis retales literarios favoritos. Pero esta vez apareció un Giordano mucho más maduro, y aunque puede que la historia no fuera tan emocionante como el de Mattia y Alice, me pareció que estaba más trabajada y mejor contada. Habla sobre los días de un grupo de soldados italianos en una base de Afganistán, sus relaciones y sus historias, antes, durante y después de los meses que pasan allí. Una novela coral que acerca el lado más humano de ese mundo que a veces nos parece tan impersonal.


El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez

A mí la muerte de García Márquez me hizo leer. Concretamente, esta novela que tenía pendiente desde que Cien años de soledad no me apasionó. Nada nuevo en el horizonte si os cuento que ésta en cambio, me pareció maravillosa. De hecho, hace unos días la estuve releyendo por encima para la cata literaria que hicimos en Garoa y disfruté aún más perdiéndome entre sus palabras. García Márquez dio fondo y forma a una de las más bonitas historias de amor de la literatura. Y si no es de las más bonitas, al menos sí de las más longevas: más de 53 años, 7 meses y 11 días. Un orgullo que aquí una servidora, sea de la misma cosecha del 85 que el libro.


Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta de Dolores Redondo

Segunda y tercera parte de la trilogía de Baztán, una la leí en marzo y la otra en los últimos días del año que acabamos de pasar. Puede que Redondo no tenga la prosa de García Márquez, pero tampoco la necesita para crear una trama a modo de tela de araña que te atrapa hasta leer la última página. Reconozco que no soy una gran seguidora de la novela negra, más que nada porque después de leer Millenium me parecía que nada estaba a la altura y terminé dejando el género de lado (aunque ahora tengo pendiente Galveston de Nic Pizzolatto, ese mismo que fue capaz de crear a Rustin Cohle, o sea, que promete...) hasta que un reportaje en Página2 y el hecho de que estuviera ambientado al lado de casa hicieron que me picara el gusanillo con El Guardián Invisible. Desde entonces, no me canso de recomendar las historias de la inspectora Amaia Salazar.


Monasterio de Eduardo Halfon

Dos hermanos guatemaltecos que viajan a Israel para asistir a la boda judía de su hermana y apenas 126 páginas son suficientes para que Halfon nos hable de la vida y de la identidad, ese término tan abstracto de definir, y que tan fácil y bonito queda entre sus manos. A mí, en cambio, se me hace más difícil poner en palabras la magia que irradia en su simplicidad. Una historia que queda fuera de nuestra realidad y un escenario, que como en la novela de Giordano, solemos ver en la noticias pero que realmente nunca nos la enseñan.




Nosotros, los ahogados de Carsten Jensen

No sería verídico decir que Nosotros, los ahogados lo leí en el 2014. Lo cierto es que empecé en el 2010 y lo he ido leyendo por trozos hasta terminarlo el pasado verano. Es una de esas novelas antológicas que no entiendo cómo no se han escuchado más porque tiene alma de clásico. No es un libro de lectura fácil pero sí para disfrutar leyéndolo. Tiene párrafos de tal belleza que se te quedan grabados en la mente. Si Halfon hablaba de la vida en 126 páginas, Jensen utiliza algo más de 700 para contarnos la historia de un pueblo pesquero de Dinamarca, de sus gentes y de ese destino que tienen llamado mar. Y cómo no, de los ahogados que van cayendo en el camino.


Plomo en los bolsillos de Ander Izagirre

Izagirre llegó por primera vez a mis manos con su precioso Mi abuela y diez más que leí de una sentada. Pero tampoco le achaqué mayor mérito al hecho de que me gustara un libro sobre la Real (aunque luego leí las historias de Beti, beti, maite y me di cuenta que Izagirre había dejado el listón muy alto). Fue en verano, cuando salseando en una librería, encontré Plomo en los bolsillos. Pensé que tenía el tamaño perfecto para llevarlo en el bolso y que no me vendría mal leer algo que no fuera novela. Así empezó nuestra historia y terminó con una dosificación exhaustiva porque no quería que se me acabaran las páginas. Y por mucho que me gusten los deportes, que termine maravillada con un libro que habla sobre el Tour, tiene muchísimo mérito.


Saber Perder de David Trueba

David Trueba tiene que ser de esa clase de persona que enseguida cala a la gente. Sólo así se explicaría la riqueza que tienen sus personajes. Son ellos los que te importan, más aún que lo que les ocurre. Saber Perder es justo eso, una historia de perdedores, que hacen las cosas bien y las hacen mal, pero se les quiere igual.


Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler

¿Os he contado alguna vez cuánto me gustó este libro? Qué graciosa soy a veces eh... Pues sí. Si tuviera que elegir sólo un libro de todo el año, sería éste. Igual que el año anterior fue Expiación de Ian McEwan. Y una vez más me doy cuenta que cuando un libro me ha gustado mucho, realmente tampoco sé decir por qué. Sólo os diré que me han entrado ganas de mudarme a un pueblito de Wisconsin y soy una persona que no tolera demasiado el frío. En serio, leedlo. Es una orden.


Tierra desacostumbrada de Jhumpa Lahiri

Ha sido la sorpresa inesperada, el segundo libro asignado en ese genial Club de Lectura que asisto desde octubre. El otro día, una amiga me decía que siempre elijo libros que hablan sobre amigos. Yo creo que mi gusto es algo más amplio y se extiende a los libros que hablan de personas en general. Me fascinan esos escritores que cuentan relaciones personales cotidianas como nunca se me habría ocurrido contar a mí. Me fascinan y los admiro. Y Jhumpa Lahiri ha sido el descubrimiento del año en ese sentido. Como Gavalda en su día, o Némirovsky. Porque igual que ellas, es capaz de ver detalles que los demás no percibimos, pero que siempre llegan a ser transcendentales.



Ahora ya sí, con los deberes hechos, vayamos a por las lecturas de 2015.


¡Feliz Año!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Sin querer ser Cruella

Esta semana me han pasado cosas chulísimas. Desde seguir preparando una cata de perfumes con libros que vamos a hacer en la librería Garoa en 30 de diciembre, a la charla que di sobre mis blogs en la Sede Keler el miércoles invitada por On Egon. Fue un auténtico placer.

Pero mientras andaba entre tanto ajetreo, yo tenía otra preocupación en la cabeza. Espero que pronto me llegue mi abrigo de leopardo de Asos y no quiero parecer una Cruella de Vil con él. Por eso, también me he dedicado a buscar inspiración sobre el tema.



Está claro que la clave es contrastarlo con prendas informales, aunque me hacen gracia todas esas zapatillas sin calcetines. Muy monas pero menuda rasca.



¡Besos!

lunes, 8 de diciembre de 2014

Sobre cuestionarlos la felicidad

El otro día, reparé en un cuaderno que hace unos años me regaló una muy buena amiga con una preciosa dedicatoria. En ella me decía que el cuaderno le había recordado a mí y me animaba a seguir escribiendo.


Decidí, que lo utilizaría para copiar a mano aquellas partes que más me gustaran de los libros que leyera, sabía que mi amiga estaría contenta con aquel uso. No sé si al final se lo comenté o si se estará enterando ahora con estas líneas.

La historia es que cuando vi el cuaderno en el estante hace unos días, me acordé que hacía mucho que no apuntaba nada allí, al principio por vagancia y después por puro olvido, y que tenía que retomar aquella costumbre. Es bonito volver a emocionarse con las mismas palabras que lo hicieron en su día.

Así, empecé a leer aquellos párrafos escritos hace tiempo y me encontré con uno del libro Los Recuerdos de David Foenkinos que no recordaba:

"En el fondo, así ocurrieron las cosas en el siglo XX: primero fue el nacimiento de la felicidad; en todo caso, el derecho a la felicidad y el acceso al ocio y a las vacaciones pagadas. Eso era en la década de 1930, cuando el Front Populaire. Después, pasamos a la segunda etapa de nuestra progresión; una etapa que podemos llamar el derecho a la insatisfacción. Apareció en la década de 1970, con la legalización del aborto, y del divorcio, por supuesto. Se tiende a olvidad que el adulterio estaba prohibido por ley hasta 1975. Adquirimos así el derecho a juzgar nuestra felicidad. Y ahora estamos en la tercera etapa, quizá la más dolorosa: la de la duda permanente. Tenemos la felicidad, tenemos el derecho de no estar satisfecho de esa felicidad, por lo que se nos abre una multiplicidad de caminos. ¿Cuál debemos tomar?"

No me acordaba de este párrafo pero qué bueno me sigue pareciendo. Foenkinos, aunque no cuente grandes historias en sus libros, siempre tiene la habilidad de poner por escrito lo que los demás no nos damos cuenta que pensamos. Esa duda permanente de si seremos lo suficientemente felices.


¡Besos!

viernes, 5 de diciembre de 2014

Friday Night Fever

Dicen que los viernes noche son para cometer locuras. O puede que me lo haya inventado yo. Lo cierto es que con el frío que hace en la calle y lo mucho que estoy hibernando últimamente, mis locuras se reducen a las cuatro paredes de la casa donde vivo.

¿Cuándo empecé a querer un abrigo de pelo de leopardo en silencio? Ya ni me acuerdo. Supongo que hace un par de años. Pero como ya tenía el otro abrigo de pelo bicolor, me negaba a caer en las redes de más pelo sintético. Al final, el tiempo esperado no ha hecho más que incrementar mis ansias de tenerlo.


El plan A fue preguntarle a mi hermana a ver si utilizaba el que nuestra madre me compró en Primark hace un tiempo y que ella se llevó a Barcelona después de que yo dijera que tenía suficiente con el bicolor peludo. La respuesta de mi hermana fue para enmarcar: "Me lo pongo para estar en casa. Es tan caliente y me siento tan diva..." Así. Con eso se supone que comparto genes. Por suerte, le pareció razonable que yo lo quisiera para andar por la calle así que aprovechando que venía a pasar unos días se lo trajo en la maleta. Hoy he ido a visitarla a casa y me la he encontrado desayunando enfundada en el abrigo. Según ella, disfrutando de los últimos momentos con él. Aunque al probármelo delante del espejo no ha resultado lo que yo imaginaba. Demasiado oscuro, demasiado peluche. Vuelta a devolverle a mi hermana lo que era suyo.

Y así me he plantado, el viernes a la noche, aguantándome las ganas de hacerme con un abrigo de leopardo y de mi sesión anual de Mientras Dormías. Lo primero, porque mi parte racional me decía que ya volví de Madrid con un abrigo nuevo que no me quito de encima y porque las rebajas están a la vuelta de la esquina (aunque soy de esas mujeres que viven con miedo de que justo lo que les gusta no va a llegar a enero). Lo segundo, porque siempre hago lo mismo, veo la que es mi película navideña favorita a principios de diciembre (por no decir a últimos de noviembre, este año superé la prueba) y luego me paso todas las Navidades con ganas de volver a verla y autoimponiéndome la ridícula ley de no repetir. Creo que este año la ley va a ser abrogada.

Por lo que tenía dos opciones, no comprar el abrigo y seguir viendo capítulos de The Good Wife como una loca, o comprarme ese precioso abrigo de leopardo que me estaba esperando en Asos (en serio, ¿qué haría sin esta tienda?) y disfrutar de la mirada de Bill Pullman. Soy débil ante las tentaciones y bastante tengo con seguir la dieta de June estrictamente por lo que... click, click y a disfrutar.


Qué disfrutéis de estos deliciosos tres domingos y de sus desayunos. Mi viernes noche no podría empezar mejor.

¡Besos!

jueves, 4 de diciembre de 2014

Con las tuercas apretadas

El lunes pasado tenía cita en Centro Karmele. Llegué después de un fin de semana tontorrón de hibernar mucho y de marcarme una de esas maratones peliculeras que hacen historia: Dirty Dancing, El diario de Bridget Jones, El diario de Noa y Que le gusten lo perros... ni más ni menos. Tenía en cuerpo con ganas de marcha y le dije a June (enfermera/nutricionista de Centro Karmele) que me apretara las tuercas. De esos días que el cuerpo te pide emociones fuertes y lo de pasar hambre de repente no te parece tan malo.


Entre las Navidades pasadas y el verano di un bajón majo de peso gracias a los cuidados de Centro Karmele (las menciono tanto porque sin ellas no habría hecho ni la mitad), pero desde el verano que nos propusimos mantener el peso para no pasar medio amargada los meses de sol, me había acomodado en esa inercia y no cogía carrerilla de nuevo. Por una parte muy guay porque las que habéis hecho alguna vez alguna dieta sabréis que lo de mantenerse luego suele ser casi más difícil que el adelgazamiento en sí, pero lo cierto es que tener a June y cía pendiente de mí es un lujo demasiado grande como para quedarme a mitad de camino.

Por lo que aquí llevo, media semana con las tuercas apretadas y muy contenta por hacer lo que conviene hacer. No pienso que haya estado perdiendo el tiempo hasta ahora, una tiene sus épocas y no siempre la cabeza está donde tiene que estar. Por ahora me propuesto llegar a Santo Tomás con una rectitud ejemplar, no sé comeré chistorra ese día pero alcohol bebo seguro. 21 días, como en el famoso programa de TV, dicen que son los necesarios para crear un hábito nuevo. ¿Se puede considerar hábito el pasar hambre? Cualquiera que me oiga con todo lo que como a lo largo del día. Además, con las Navidades a la vuelta de la esquina, con todos los turrones prematuros en los supermercados mientras yo no hago más que comprar zanahorias, manzanas y limones (es mi nuevo zumo mañanero), el reto se vuelve mucho más emocionante.

Como siempre se dice, en esto de las dietas o estás, o no estas. Yo ahora estoy. Así que a aprovechar.


¡Bessos!