El año pasado leí bastante. Más que nunca diría yo. Y más que nunca la literatura fue una vía de escape para los problemas mundanos del día a día. Creo que las listas de lo mejor del año ya están todas hechas, pero entre que quería esperar hasta el último día del año por eso de ser equitativa y entre que luego se me han pasado los días volando... Aquí vengo, algo tardía pero igual de eficaz:
Los libros que leí en 2014 que pasarán a mí historia.
El cuerpo humano de Paolo Giordano
Lo cierto es que me parece que fue otra vida cuando leí este libro, hace justo un año andaba a vueltas con él y lo terminé creo durante los últimos días de vacaciones. A mí Giordano me había ganado con
La soledad de los números primos, con aquel gran párrafo sobre lo que estudió Mattia el primer año de la universidad, que se convirtió en uno de mis retales literarios favoritos. Pero esta vez apareció un Giordano mucho más maduro, y aunque puede que la historia no fuera tan emocionante como el de Mattia y Alice, me pareció que estaba más trabajada y mejor contada. Habla sobre los días de un grupo de soldados italianos en una base de Afganistán, sus relaciones y sus historias, antes, durante y después de los meses que pasan allí. Una novela coral que acerca el lado más humano de ese mundo que a veces nos parece tan impersonal.
El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez
A mí la muerte de García Márquez me hizo leer. Concretamente, esta novela que tenía pendiente desde que
Cien años de soledad no me apasionó. Nada nuevo en el horizonte si os cuento que ésta en cambio, me pareció maravillosa. De hecho, hace unos días la estuve releyendo por encima para la cata literaria que hicimos en
Garoa y disfruté aún más perdiéndome entre sus palabras. García Márquez dio fondo y forma a una de las más bonitas historias de amor de la literatura. Y si no es de las más bonitas, al menos sí de las más longevas: más de 53 años, 7 meses y 11 días. Un orgullo que aquí una servidora, sea de la misma cosecha del 85 que el libro.
Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta de Dolores Redondo
Segunda y tercera parte de la trilogía de Baztán, una la leí en marzo y la otra en los últimos días del año que acabamos de pasar. Puede que Redondo no tenga la prosa de García Márquez, pero tampoco la necesita para crear una trama a modo de tela de araña que te atrapa hasta leer la última página. Reconozco que no soy una gran seguidora de la novela negra, más que nada porque después de leer
Millenium me parecía que nada estaba a la altura y terminé dejando el género de lado (aunque ahora tengo pendiente
Galveston de Nic Pizzolatto, ese mismo que fue capaz de crear a Rustin Cohle, o sea, que promete...) hasta que un reportaje en
Página2 y el hecho de que estuviera ambientado al lado de casa hicieron que me picara el gusanillo con
El Guardián Invisible. Desde entonces, no me canso de recomendar las historias de la inspectora Amaia Salazar.
Monasterio de Eduardo Halfon
Dos hermanos guatemaltecos que viajan a Israel para asistir a la boda judía de su hermana y apenas 126 páginas son suficientes para que Halfon nos hable de la vida y de la identidad, ese término tan abstracto de definir, y que tan fácil y bonito queda entre sus manos. A mí, en cambio, se me hace más difícil poner en palabras la magia que irradia en su simplicidad. Una historia que queda fuera de nuestra realidad y un escenario, que como en la novela de Giordano, solemos ver en la noticias pero que realmente nunca nos la enseñan.
Nosotros, los ahogados de Carsten Jensen
No sería verídico decir que
Nosotros, los ahogados lo leí en el 2014. Lo cierto es que empecé en el 2010 y lo he ido leyendo por trozos hasta terminarlo el pasado verano. Es una de esas novelas antológicas que no entiendo cómo no se han escuchado más porque tiene alma de clásico. No es un libro de lectura fácil pero sí para disfrutar leyéndolo. Tiene párrafos de tal belleza que se te quedan grabados en la mente. Si Halfon hablaba de la vida en 126 páginas, Jensen utiliza algo más de 700 para contarnos la historia de un pueblo pesquero de Dinamarca, de sus gentes y de ese destino que tienen llamado mar. Y cómo no, de los ahogados que van cayendo en el camino.
Plomo en los bolsillos de Ander Izagirre
Izagirre llegó por primera vez a mis manos con su precioso
Mi abuela y diez más que leí de una sentada. Pero tampoco le achaqué mayor mérito al hecho de que me gustara un libro sobre la Real (aunque luego leí las historias de
Beti, beti, maite y me di cuenta que Izagirre había dejado el listón muy alto). Fue en verano, cuando salseando en una librería, encontré
Plomo en los bolsillos. Pensé que tenía el tamaño perfecto para llevarlo en el bolso y que no me vendría mal leer algo que no fuera novela. Así empezó nuestra historia y terminó con una dosificación exhaustiva porque no quería que se me acabaran las páginas. Y por mucho que me gusten los deportes, que termine maravillada con un libro que habla sobre el Tour, tiene muchísimo mérito.
Saber Perder de David Trueba
David Trueba tiene que ser de esa clase de persona que enseguida cala a la gente. Sólo así se explicaría la riqueza que tienen sus personajes. Son ellos los que te importan, más aún que lo que les ocurre.
Saber Perder es justo eso, una historia de perdedores, que hacen las cosas bien y las hacen mal, pero se les quiere igual.
Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler
¿Os he contado alguna vez cuánto me gustó este libro? Qué graciosa soy a veces eh... Pues sí. Si tuviera que elegir sólo un libro de todo el año, sería éste. Igual que el año anterior fue
Expiación de Ian McEwan. Y una vez más me doy cuenta que cuando un libro me ha gustado mucho, realmente tampoco sé decir por qué. Sólo os diré que me han entrado ganas de mudarme a un pueblito de Wisconsin y soy una persona que no tolera demasiado el frío. En serio, leedlo. Es una orden.
Tierra desacostumbrada de Jhumpa Lahiri
Ha sido la sorpresa inesperada, el segundo libro asignado en ese genial
Club de Lectura que asisto desde octubre. El otro día, una amiga me decía que siempre elijo libros que hablan sobre amigos. Yo creo que mi gusto es algo más amplio y se extiende a los libros que hablan de personas en general. Me fascinan esos escritores que cuentan relaciones personales cotidianas como nunca se me habría ocurrido contar a mí. Me fascinan y los admiro. Y Jhumpa Lahiri ha sido el descubrimiento del año en ese sentido. Como Gavalda en su día, o Némirovsky. Porque igual que ellas, es capaz de ver detalles que los demás no percibimos, pero que siempre llegan a ser transcendentales.
Ahora ya sí, con los deberes hechos, vayamos a por las lecturas de 2015.
¡Feliz Año!